Plataforma Argentina contra la Impunidad
Justicia

Evidencia material de la represión en el Pozo de Vargas

Domingo 12 de diciembre de 2004.

"El hallazgo confirma las sospechas de las organizaciones de Derechos Humanos que materializaron la denuncia. Y demuestra que, cuando hay voluntad política y voluntad de la Justicia en contribuir a que se revierta la impunidad en la Argentina, la verdad se puede descubrir". Las definiciones son de la diputada Stella Maris Córdoba, según quien "las pruebas de los crímenes de la dictadura pueden obtenerse y facilitar el castigo a los culpables de estas atrocidades".

Los expertos tratan de determinar la antigüedad de los huesos. El juez federal número dos, Felipe Terán, confirmó que se encontraron restos óseos, que presumiblemente serían humanos, durante las excavaciones que se realizan en el llamado Pozo de Vargas (avenida Francisco de Aguirre al 4.000). Desde hace tres años, en la zona buscan rastros de detenidos desaparecidos durante el gobierno militar, en una centenaria construcción que habría sido usada para arrojar a las víctimas y taparlas.

Los huesos pertenecen a varios cuerpos (Terán habló de tres o cuatro, pero otras versiones elevan la cifra a 14) y fueron remitidos a forenses tucumanos, para que determinen la antigüedad y si fueron sometidos a algún proceso físico o químico de degradación. El objetivo es saber si corresponden a la década del 70 o si son de otra época. En una segunda etapa, se avanzaría en el análisis de ADN para establecer la identidad precisa a partir de la búsqueda de parentescos.

En el pozo trabajan los miembros del Grupo Interdisciplinario de Arqueólogos y Antropólogos de la Universidad Nacional de Tucumán. Las excavaciones llegaron hasta los 21 metros de profundidad, donde cruza la napa freática que complica fuertemente la tarea. Desde allí, perforaron con trépanos cónicos y extrajeron muestras por aspiración.

Aproximadamente a los 34 metros, aparecieron los restos que serían de personas (también había huesos de ratas), pero no ropa ni otras pertenencias. Todo estaba mezclado con relleno que no es del lugar.

Las tareas fueron paralizadas hasta que se establezca con precisión lo hallado y fue reforzada la vigilancia de la Policía Federal. Originalmente, el pozo (una especie de chimenea de ladrillos de unos 90 metros bajo tierra) servía para abastecer de agua a las locomotoras a vapor que llevaban caña de azúcar a los ingenios cercanos. En la década del 30 del siglo pasado se secó, y desde entonces está abandonado.

Los vecinos del lugar recuerdan que, durante la dictadura militar, había movimientos extraños de personas y camiones sin identificación en el lugar, casi siempre de noche. Los organismos defensores de los derechos humanos afirman que el lugar fue un cementerio clandestino.

La palabra oficial

Terán precisó que, a primera vista, los restos son humanos y que fueron encontrados en tres excavaciones distintas, hechas en el pozo para sacar muestras. “Me vi obligado a anunciar el hecho por las versiones y pese a que habíamos pedido total hermetismo hasta tener los informes histológicos, que dentro de 15 o 20 días nos darán la total y absoluta certeza”, aseveró. Estaba visiblemente molesto, sobre todo por declaraciones del dirigente justicialista Enrique Romero, quien promovió la investigación.

Los estudios servirán para conocer la edad y saber si los huesos fueron expuestos al calor o a aminoácidos. "Nos está costando mucho la excavación, y ahora tenemos que determinar cómo continuamos, porque este hallazgo abre otro panorama. Debemos reorganizar los trabajos y frenar las filtraciones de agua, porque las bombas no son suficientes para extraerla. Tuvimos que poner caños para llegar hasta donde lo hicimos", dijo Terán. El gobernador José Alperovich ofreció al juez recursos materiales y técnicos para la causa.


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