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Aceptan que hubo desaparecidos y dicen que 7.000 fueron asesinados

Por: Marcos Taire (especial para ARGENPRESS)
Jueves 26 de mayo de 2005.

Florencio Varela, defensor de una treintena de militares presos, acepta que hubo desaparecidos y dice que alrededor de 7000 fueron ejecutados ’por ser terroristas’. Confiesa que ’la prueba’ la aportaba el aparato de Inteligencia y afirma que ’cuando había dudas’ se ponía a los desaparecidos a disposición del Poder Ejecutivo Nacional. Para él ’seguimos en guerra’. Elogia ’la efectividad que se logró en la Argentina’ para ’liquidar la subversión’.

En una conferencia dictada en la sede de AUNAR (Asociación Unidad Argentina), el doctor Florencio Varela efectuó una serie de revelaciones de suma importancia. Es la primera vez que desde la defensa de militares acusados por los crímenes cometidos en el marco del terrorismo de estado se reconoce la existencia de desaparecidos. Además, fundado en información probablemente suministrada por los propios militares, Varela dice que se asesinaron a alrededor de 7000 personas. El utiliza el término ’ejecutaron’.

Varela está empeñado en una campaña para tratar de demostrar que una serie de reglamentos, reservados y/o secretos y alguno público, son el instrumento que puede salvar a sus defendidos de las acusaciones por los crímenes cometidos. Además, el abogado cuestiona las defensas efectuadas hasta ahora, de las que dice que se basaron en ’el ocultamiento y la negación’. También critica la Ley de Obediencia Debida, de la que afirma que ’quedaron amparados los militares que delinquieron’. Dirigiéndose a su auditorio compuesto mayoritariamente por militares y sus familiares, dijo ’que esto ocurrió, lo sabemos todos’.

El abogado recuerda que cuando Videla y Massera declararon ante el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas en 1984 asumieron la responsabilidad por las órdenes impartidas, pero no dijeron cuales fueron esas órdenes. Recuerda que al ser interrogados sobre las detenciones de personas, ambos dijeron que se las ponía a disposición de la Justicia Civil y al preguntárseles si había lugares de detención en las unidades de las Fuerzas Armadas la respuesta fue negativa, lo mismo que cuando se les preguntó si había interrogatorios bajo compulsión física o psíquica, respondieron que no. ’Cuando leía todo eso -dice Florencio Varela- sabía que no era así’, pero ’las negativas no fueron un capricho, ya que fue algo deliberado y pensado ... forma parte de una estrategia a la que ellos debían servir’.

Al referirse a la autoamnistía de la dictadura militar, Varela afirma que ’el comunicado final de la última Junta Militar ... elude explicar la responsabilidad por los desaparecidos’. En tal sentido, dice que se informó que los desaparecidos no eran tales, ’que fueron enterrados por sus compañeros, que adoptaron identidades diferentes, que se fueron al exilio, que desertaron’. Sobre eso, el abogado, tras preguntarse cuántos pueden ser los que desaparecieron de esa manera, ’cien, doscientos, mil, dos mil, tres mil’, interroga: ’y del resto’?

La doctrina, los reglamentos y los crímenes de la ’guerra’

Florencio Varela dice que ’dos reglamentos del ejército norteamericano fueron la base doctrinaria’ de los elaborados aquí. Y destaca que ’el manual de operaciones psicológicas del ejército norteamericano ... dice que como son operaciones encubiertas, cuando se descubren hay que negarlas. O sea que la negación está en la base de la doctrina de lo que es la guerra no convencional’. Sobre ese mismo documento, el abogado destaca que ’dice que cuando las agencias norteamericanas operan en el exterior, el que coordina las acciones es el embajador norteamericano en el país’ y recuerda que ’acá en aquellos años había una relación muy estrecha con los servicios extranjeros...’

Varela afirma que ’acá se ejecutaron aproximadamente a siete mil terroristas. ¿En base a qué? A toda la prueba que se tenía proveniente de todo el aparato de inteligencia y cuando hubo dudas se los puso a disposición del Poder Ejecutivo’. Según el abogado, ’esto fue decidido por los Estados Mayores de las Fuerzas y quien coordinó esta información fue el ministro del Interior’.

En una crítica a los otros defensores, Varela afirma que ’sostienen que hay que negar los hechos porque nunca existieron’ y tras señalar que ’eso es un error’, destaca que ’los hechos realmente existieron, los desaparecidos son una realidad, tienen una identidad ... fueron ejecutados por ser terroristas’.

El defensor de los militares acusados por el genocidio elogia la tarea realizada por los represores: ’¿en qué país -se pregunta- ese tipo de subversión o de guerra no convencional fue liquidada con la efectividad que se logró en la Argentina?’. Y puntualiza que ’el trabajo de lo que fue acá la acción de la inteligencia fue algo formidable ... los infiltrados y el conocimiento que por su acción se llegó a tener de las organizaciones terroristas fue algo espectacular’.

Para Florencio Varela ’las Fuerzas Armadas fueron llamadas a combatir al terrorismo, lo hicieron con una profesionalidad digna del mayor encomio y lo destruyeron’. Además, considera que ’seguimos en guerra ... tenemos que aceptar que estamos en guerra’.

Florencio Varela intenta justificar lo injustificable

El doctor Florencio Varela da por sentado que aquí hubo una guerra. Hay que recordar que nunca hubo una declaración de guerra. Y la primera vez que los militares aceptaron que se hablara de guerra fue durante el juicio a las Juntas Militares.

Varela habla de ’terroristas’ en todos sus escritos y en sus charlas. O no recuerda o no quiere recordar que los militares usaban otro lenguaje, destacándose el calificativo ’delincuente subversivo’. Es que allí está otro meollo de la cuestión, porque los militares no querían hablar ni de guerrilleros ni de terroristas porque en su afiebraba visión del mundo y de la realidad argentina, aquí había una ’subversión’ que actuaba en todos los campos del pensamiento y la acción gremial y estudiantil. Cualquiera que lea el libro escrito por Adel Vilas, jefe del Operativo Independencia, comprueba que en la categoría de subversivo entraba cualquier argentino que pensara distinto a lo que pensaban los militares, ’occidentales y cristianos’, convencidos de que estaban en la primera trinchera de una imaginada tercera guerra mundial.

Cuando elogia ’el trabajo’ de los hombres de Inteligencia, habla de los infiltrados en las organizaciones guerrilleras. En realidad, esos infiltrados estuvieron en todas las organizaciones sociales de la época, particularmente sindicatos y centros estudiantiles, donde ’marcaron’ a una enorme cantidad de militantes y simples simpatizantes que nada tenían que ver con las organizaciones armadas y en muchos casos tenían posiciones públicas contrarias a ellas. Obviamente, Varela no aplaude los métodos utilizados en los interrogatorios a los detenidos, aunque da por sobreentendido que ellos fueron los que dicen los reglamentos y manuales, basados todos en la tortura del prisionero indefenso, en muchos casos obligado a aceptar cualquier acusación.

En su charla en AUNAR, Varela cuestiona que algunos militares hayan sido acusados por realizar allanamientos sin la orden judicial correspondiente. Y justifica el accionar, hasta ahora ocultado y negado, respecto de las detenciones practicadas. Hay que recordar que en las instrucciones para el Operativo Independencia se estableció claramente que transcurrido un tiempo prudencial de esas detenciones, las personas debían ser derivadas a la justicia, lo que casi nunca ocurrió.

También dice Varela que el poder político que firmó el decreto ordenando la realización del Operativo Independencia otorgó una carta blanca a los militares. No solo es verdad eso, sino que muchos ’halcones’ del gobierno de Isabel Perón alentaron a los militares en su accionar criminal. Eso no los libera de sus responsabilidades legales. En todo caso, si la Justicia hiciera el trabajo como corresponde, involucraría a todos los responsables políticos de la época, empezando por Isabel Perón, tal como ha sido pedido por abogados defensores de derechos humanos en la provincia de Tucumán.


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