Plataforma Argentina contra la Impunidad
Derechos Humanos

Hallaron los restos de la compañera Azucena Villaflor

Sábado 9 de julio de 2005.

En noviembre de 2004 el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), entidad no gubernamental que hace 21 ańos trabaja en la búsqueda de personas desaparecidas en la Argentina y otras partes del mundo, solicitó a través de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y Correccional Federal de la Capital una confrontación dactiloscópica entre la pericia 90/77 pendiente de resolución, correspondiente a un cuerpo que fue hallado en las playas del Municipio Urbano de la Costa; Gral. Lavalle, Provincia de Buenos Aires, y las de una persona desaparecida en diciembre de 1977, siendo el resultado positivo.

Investigando en los libros del cementerio de General Lavalle se constató su inhumación y la de cinco personas más, cuyos cuerpos aparecieron en las playas entre los días 20 y 29 de diciembre de 1977. Contando con dicha identificación, se trabajó con la hipótesis de que estas seis personas podrían haber sido víctimas de un mismo traslado aéreo.

Con una orden de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y Correccional Federal de la Capital, los días 16 y 17 de diciembre de 2004 y el 4 de enero de 2005, integrantes del EAAF realizaron la exhumación de los cuerpos mencionados.

Se realizó el análisis de laboratorio y con dichos resultados, se trabajó con la hipótesis de que los restos hallados en la costa pudieran pertenecer a un grupo de familiares secuestrados entre los días 8 y 10 de diciembre de 1977. Se solicitó muestras de sangre a los familiares de los mismos. Dichas muestras y muestras óseas de los esqueletos fueron enviadas al Laboratorio de Inmunogenética y Diagnóstico Molecular (LIDMO), a cargo del Dr. Carlos Vullo, en Córdoba para su análisis.

De esta manera, hasta el momento, el análisis antropológico y genético (ADN) confirmó las siguientes identificaciones:

Esther Ballestrino de Careaga, secuestrada el 8 de diciembre de 1977 en la Iglesia de la Santa Cruz e identificada por ADN el 16 de abril de 2005.

María Eugenia Ponce de Bianco, secuestrada el 8 de diciembre de 1977 en la Iglesia de la Santa Cruz e identificada por ADN el 16 de abril de 2005.

Azucena Villaflor de De Vincenti, secuestrada el 10 de diciembre de 1977 en Sarandí, e identificada por ADN el 13 de mayo de 2005.

Salvo Página/12, a través de nueve líneas en un recuadro lateral, donde ni siquiera precisa la identidad de -tres madres detenidas-desaparecidas, Clarín es el único medio que rescata la aparición de los -restos de la fundadora de las Madres de Plaza de Mayo, Azuzena Villaflor, y otras dos madres, que fueron secuestradas por un comando de la Armada integrado por Alfredo Astiz, hace 28 ańos.

La nota sin firma destaca que los cuerpos de Villaflor de Devicenti, María Eugenia Ponce de Careaga y María Eugenia Ponce de Bianco, -fueron encontrados enterrados como NN en el cementerio de General Lavalle, en la provincia de Buenos Aires. El diario de los Noble recuerda que las tres mujeres fueron trasladadas a la ESMA en 1977 y alojadas en Capuchita, donde -eran depositados los secuestrados que mantenían en mayor secreto.

Azucena Villaflor de Devincenti

 Ella sin querer ser dirigente naturalmente es dirigente, porque las mismas que vamos a la plaza le consultamos, le preguntamos que hacer..

AZUCENA VILLAFLOR

CREADORA DEL MOVIMIENTO DE

MADRES DE PLAZA DE MAYO

1977 - 30 de Abril - 2005

Madres de Plaza de Mayo es un movimiento que surgió a partir de la iniciativa de Azucena Villaflor, con el objetivo de buscar y encontrar a sus hijos que estaban siendo secuestrados por la dictadura militar de entonces.

Se reunieron por primera vez en la Plaza de Mayo la tarde del sábado 30 de abril de 1977, hace 28 ańos. De ser una reunión informal pasó a ser en encuentro semanal todos los jueves a las 15:30 horas que perdura hasta nuestros días. Este es uno de los movimientos más ejemplares del mundo.

A 28 AŃOS DEL PRIMER ENCUENTRO DE LAS MADRES DE PLAZA DE MAYO

En noviembre de 1976 fue secuestrado un hijo de Azucena Villaflor. Ella salió a buscarlo por cielo y tierra hasta que, desengańada, entendió que no tenía sentido pedir justicia a la dictadura y le propuso a otras mujeres que pasaban por un calvario similar, comenzar a reunirse en la Plaza de Mayo para que todo el pueblo supiera lo sangriento que era el gobierno de facto.

Azucena fue puesta en la mira de la dictadura y la secuestraron el 10 de diciembre de 1977. Se sabe que permaneció secuestrada en la ESMA. Nunca más apareció pero su trabajo y su ejemplo viven y es conocido en todo el mundo.

El 30 de abril de 2002, a las 11 horas, descubrimos una placa en la esquina de su casa, donde fuera secuestrada: Av. Mitre y Crámer, Avellaneda, Buenos Aires, Argentina. (Liliana Daunes)

 Azucena Villaflor, fue una de las primeras mujeres organizadoras de las Madres de Plaza de Mayo. Ella fue la que lanzó nuestra proclama inicial: -Todas por todas y todos son nuestros hijos ż Qué queriamos decir con ésto? Era una promesa implícita de las Madres: nuestra lucha no era individual, era colectiva. A lo largo de estos ańos, si no fuera por esta filosofía que planeo Azucena, hubiese sido muy difícil afrontar tantas adversidades: varias madres murieron, otras debieron criar a sus nietos por la desaparición de los padres. A algunas compańeras les desaparecieron todos sus hijos, a otras les quitaron la posibilidad de criar a sus nietos, porque esos nińos también fueron secuestrados junto con sus padres y mantenidos en cautiverio, hasta que los asesinos de sus familiares se los apropiaron y después los registraron con una identidad falsa. Sólo la fuerza que te da el conjunto permite seguir la búsqueda. Nosotras ya no somos madres de un solo hijo, somos madres de todos los desaparecidos.(< span style=’color:#FF0066’>Nora Cortińas)

Después del golpe del 76 que instaló la dictadura militar, comenzaron a multiplicarse las desapariciones de personas de las que nada volvía a saberse.

Las madres de muchos de ellos buscaban alguna noticia en el Ministerio del Interior, en la policía, en la Iglesia, en los partidos políticos. Una de esas mujeres era Azucena Villaflor, ama de casa, de 53 ańos, a quien le habían secuestrado uno de sus hijos, junto a su novia.

Madres de Plaza de Mayo es un movimiento que surgió a partir de la iniciativa de su iniciativa, con el objetivo de buscar y encontrar a sus hijos que estaban siendo secuestrados por la dictadura militar de entonces.

Fue a Azucena Villaflor que en 1976 se le ocurrió ir a hablar con Videla y, lógicamente la policía las hizo circular. Esa orden provocó que nunca dejaramos de caminar alrededor de la plaza, todos los jueves a las l5 horas. Lamentablemente Azucena no vio cómo creció ese primer grupito de 15 madres. Un día en que se encontraron las madres, Azucena propuso dirigirse a la Plaza de Mayo y pedir una audiencia al gobierno. Aquella primera marcha de las madres se realizó un 30 de abril de1977.

 Allí en el Vicariato de la Armada la conocí a Azucena el día en que Grasselli le dijo al actor Marcos Zucker que su hijo estaba muerto. Ahí, en ese momento, Azucena dijo fuerte que tendríamos que ir todas a Plaza de Mayo; lo dijo con voz fuerte justo en la mitad del salón. Ella fue la que lo propuso, sólo ella. Con voz fuerte, con coraje, porque ella era una mujer de mucho coraje; se ve que era luchadora, no lo dijo ni en voz baja ni en un rinconcito. (Josefa García de Noia)

 Yo la conocí a Azucena en el Ministerio del Interior, en Balcarce 50 éramos un montón de mujeres desesperadas preguntando por los nuestros. Ahí escuché a una seńora que decía que no podía ser, que el gobierno no hacía otra cosa que mentirnos y tratar de sacarnos información, que había que organizarse, que había que meterse en la Plaza de Mayo y hacerse escuchar... poco después me enteré que esa mujer era Azucena... ahora repienso aquel día y me parece mentira que una mujer, en pleno conocimiento de las atrocidades que los militares estaban haciendo y con la impunidad con que estaban asesinando, se animara en la misma boca del lobo a proponer en voz alta y bien clara a otras madres que organizáramos mejor la búsqueda y el reclamo. ( María del Rosario Carballeda de Cerutti )

El Vicariato de la Armada y el Ministerio del Interior eran algunos de los lugares por donde peregrinaban las madres y familiares de desaparecidos en el afán de lograr información. Los recuerdos reunidos por Arrosagaray en su libro aluden a la presencia de Azucena Villaflor alentando a las otras madres e impulsando su organización para ocupar la Plaza de Mayo.

La conoci en los primeros días de abril del ’77 en el Vicariato de la Armada. -Vino mi nuera y me dijo que había una seńora que estaba diciendo unas cosas muy interesantes. Fuimos, había una mujer que estaba diciendo que era inútil estar allí, que nos ocultaban todo. Y agregó en voz alta, muy claramente, mientras se golpeaba la pierna con una cartera o con un monedero que tenía en la mano, como para darle más energía a lo que estaba diciendo: ’Tenemos que ir a Plaza de Mayo porque allí se produjeron, a través de los ańos, las más grandes concentraciones y los hechos políticos y sociales significativos. Y una vez allí, cuando seamos muchas debemos ganar la calle y meternos en la Casa de Gobierno, para imponerle a Videla lo que pretendemos. ( María Adela Gard de Antokoletz )

Varias de las mujeres estuvieron de acuerdo y empezaron a intercambiar teléfonos para avisar a otras familias. Algunas preguntaron qué iban a hacer en la plaza. -Nada —decía Azucena—, nada especial, aunque sea sentarse, conversar y ser cada día más. ( María Adela Antokoletz).

 Si Azucena tenía en claro algo era que una organización de este tipo se podía construir si se daba participación, si se hacía entre todas. En primer lugar, la idea de organizarnos y reunirnos en la Plaza fue de Azucena, pero aparte, ella era una líder natural, que no hacía esfuerzos por imponerse a los demás ni pretender liderazgos, era como una gallina que nos cobijó a todas como si fuéramos sus pollitos... hasta cobijó a quien iba a ser su secuestrador. (Nora Cortińas)

Ese sábado 30 de abril a las cuatro y media de la tarde se reunieron por primera vez en Plaza de Mayo, como había impulsado Azucena Villaflor. Eran amas de casa, no sabían ni les importaba que estaban gestando la mayor epopeya ética de la argentina contemporánea.

Según la reconstrucción de Arrosagaray, las mujeres que se encontraron ese día fueron: Azucena Villaflor de Devicenti, Josefa de Noia, Raquel de Caimi, Beatriz de Neuhaus, Delicia de González, Raquel Arcusin, Haydée de García Buela, Mirta de Varavalle, Berta de Brawerman, María Adela Gard de Antokoletz y sus tres hermanas, Cándida Felicia Gard, María Mercedes Gard y Julia Gard de Piva. Eran trece mujeres en representación de diez secuestrados y desaparecidos.

Según otros recuerdos, también estuvieron presentes Raquel Mariscurrena, acompańando a su consuegra Raquel de Caimi, y Lidia Moeremans, prima de Azucena Villaflor. En la reconstrucción que hace Arrosagaray seńala que el nombre de Rosa Contreras ronda también algún recuerdo que la ubicaría aquella tarde en la plaza.

 Debemos mencionar por lo menos a otras tres mujeres que no participaron de este encuentro inaugural, no porque estaban en desacuerdo o porque por alguna razón no quisieron estar —advierte Arrosagaray—, sino que razones prácticas, de momento, se lo impidieron. Son ellas Juanita Pergament, Nora de Cortińas y María del Rosario de Cerutti. Pero las tres venían trabajando desde los días previos, e incluso hablándoles a otras para lograr la concreción de ese temerario lanzamiento.

Eran las cuatro y media de la tarde de un sábado y además de los granaderos y ese grupo de Madres, no había gente en la Plaza de Mayo. Y la idea era sobre todo instalar públicamente la imagen de las madres que buscaban a sus hijos desaparecidos.

 Estuvimos allí —relata María Adela Antokoletz— algunas sentadas y otras paradas. Eramos poquitas... cada una a su turno se presentó, dijo cómo se llamaba y contó cuándo y de qué forma habían secuestrado a su hijo.

 Me acuerdo como si fuera hoy... hasta el lugar en donde conversamos. Yo llegué sola y caminé entre los canteros buscando con mi mirada otras mujeres... żvio que desde la pirámide salen caminos hacia los bordes, hacia las veredas?... Bueno, yo me encontré con María Adela y sus hermanas en uno de esos senderos, cerca de Rivadavia, casi a la altura del centro de la Plaza... żUstedes también vienen por lo mismo?, les pregunté, y ahí nos quedamos conversando unos minutos, hasta que vemos venir a otras tres mujeres agarradas de los brazos, muy pegadas y serias. Se sumaron a nosotras y enseguida la que venía en el medio empezó a hablar como tomando la batuta de la reunión y a mí me molestó mucho. Esa duda mía se transformó rápidamente en un carińo enorme por esa mujer, que resultó ser Azucena. ( Haydée García Buela )

Azucena y las otras Madres estaban contentas por lo realizado. Había sido la primera reunión en público, algo que las ponía en otro lugar que el eterno peregrinaje por las oficinas del gobierno, las Fuerzas Armadas y la Policía. Ahora ellas empezaban a reclamar de otra forma. Pero se dieron cuenta que había sido un error elegir un sábado. La reunión siguiente fue un viernes y asistió el doble de Madres, donde discutieron el borrador de un pedido de entrevista a las autoridades que había llevado María del Rosario. Pero ese viernes, Dora Penelas, otra de las Madres, dijo que los viernes era día de brujas y que reunirse esos días les traería mala suerte. Entonces pasaron a reunirse los jueves a las tres y media de la tarde.

Y así siguió hasta la actualidad como una cita de honor donde, sin que ellas lo supieran, se estaba jugando también la dignidad de un pueblo sometido a la peor de las dictaduras. Allí estuvieron con lluvia o con sol, pese a la represión y a las provocaciones humillantes. (Luis Bruschtein)

De ser una reunión informal es hoy un encuentro semanal de todos los jueves que perdura hasta nuestros días. Este es uno de los movimientos más ejemplares del mundo. Lamentablemente esta valiente mujer protagonista del inicio del movimiento no pudo ver la fuerza que tiene hoy.

Azucena fue secuestrada un 10 de diciembre de 1977, en la esquina de su casa por un comando clandestino de la Armada, que días después terminó con su vida.

ASTIZ SECUESTRABA A LAS MONJAS FRANCESAS Y A VARIAS MADRES

En la iglesia de la Santa Cruz, un grupo de tareas de la ESMA se llevó a 7 personas. Entre ellas, la monja Alice Domon. Dos días después, les pasó lo mismo a Azucena Villaflor y a sor Lčonie Duquet. Astiz las había marcado.

(Susana Colombo Clarin)

Fue el 8 de diciembre de 1977, pero María del Rosario Cerruti tiene grabada la pesadilla de los secuestros de ese día, a la salida de la parroquia de la Santa Cruz, en el barrio de San Cristóbal.

 Me empujaron contra la pared; me aferré a las rejas y grité: ĄSe la están llevando!.

(Cerrutti salía del brazo con otra madre de Plaza de Mayo) Un hombre rubio, gordo, nos separó y por la fuerza introdujo en un auto a María Ponce de Bianco.

Al mismo tiempo, Nélida Chidichimo pudo ver esa noche que, empujándola, -metían en otro Falcon, o Renault, a otra madre, María Eugenia Ponce de Careaga. Nélida estaba con otra madre, que preguntó con absoluta inocencia: -żPor que están llevando a la seńora? -Por drogas, contestaron.

Esas dos Madres de Plaza de Mayo, Maria Ponce de Bianco y Maria Eugenia Ponce de Careaga, cuatro familiares de desaparecidos y la monja francesa Alice Domon fueron secuestrados por grupos de la Marina en el anochecer del Día de la Inmaculada Concepción, a las puertas de la iglesia de la Santa Cruz, base de los padres pasionistas.

Dos días después secuestraron a la primera presidenta de las Madres, Azucena Villaflor de De Vincenti; a la hermana francesa Lčonie Duquet, y a tres hombres, también miembros de la agrupación. Sabían dónde ir a buscarlos: a sus casas, a su lugar de trabajo. Los doce -los secuestrados el 8 y el 10- fueron trasladados a la ESMA. Todos, hoy, siguen desaparecidos. Con los ańos, y el regreso de la democracia, las desapariciones de Villaflor y las francesas Domon y Duquet se convertirían en emblemáticas de los métodos represivos de la dictadura. No sólo por las víctimas; también por la participación central de un militar.

Quien se había infiltrado entre las Madres para poder marcarlas después fue el ex teniente naval Alfredo Astiz. Desde temprano, los agentes de la Marina fueron distribuidos en distintos puntos de la Iglesia mientras se realizaba la misa de Primera Comunión. La orden: detener violentamente a quienes habían sido seńalados por Astiz.

Cerruti y Chidichimo, testigos directas, aseguran que no las llevaron a ellas porque -los autos estaban colmados. Las dos recuerdan a Gustavo Nińo, apodo que usaba Astiz. -Era un chico rubio precioso. Le creían cada vez que se juntaba con ellas en la Plaza, alegando que era hermano de un desaparecido. Nélida admite que su nuera, hija de un militar, tenía desconfianza de él: -Ojo, que el olor de los milicos lo llevo aquí, les dijo, tocándose la nariz.

La parroquia de la Santa Cruz, ubicada en Estados Unidos y Urquiza, era prácticamente el único lugar donde las Madres podían reunirse regularmente. El jueves 8, Gustavo Nińo se fue antes de terminar la reunión; frente al Calvario de piedra de la parroquia y besó la mejilla de Chidichimo.

Tenian dudas después de los secuestros, pero no desconfiaron de Astiz, no. El jueves siguiente lo vieron cuando íban a la Plaza. -Andate que te van a agarrar, le dijeron.

Seis meses después, dice Cerruti, llegó una información de France Presse desde París, que consignaba que exiliados argentinos habían descubierto a Alberto Escudero, un agregado a la Embajada argentina en Francia que no sería otro que Nińo, que en realidad era el teniente Astiz. -Vos me torturaste a mí en la ESMA, le dijo una exiliada en la embajada. Más adelante se enteraron de que otros sobrevivientes de la ESMA aseguraban que Astiz era represor. Y que había torturado a las dos religiosas francesas.

En marzo de 1990, la Corte parisina condenó a Astiz, en ausencia, a la pena de reclusión perpetua por los crímenes de las dos monjas. -Pero está aquí, y está libre, subraya ahora María del Rosario.

Sor Alice concurría regularmente a las reuniones de las Madres. Las conoció cuando llegó desde el Chaco, donde ya había colaborado con esposas de compadres desaparecidos. Siguió también trabajando con inmigrantes paraguayos, algunos de ellos perseguidos políticos.

Cerruti y Chidichimo recuerdan que Alice, con las manos atadas, era arrastrada esa noche por los secuestradores. A la hermana Lčonie la fueron a buscar a la capilla de Santa Rosa, en Ramos Mejía, dos días después. Había sido vista varias veces en la ronda semanal en la Plaza de Mayo. Las dos monjas fueron asesinadas; sus cadáveres fueron arrojados al Delta.

Uno de los hombres secuestrados, Remo Berardo, pintor, con un hermano desaparecido, fue secuestrado en su atelier de la Boca. Gustavo Nińo iba a reuniones en ese atelier, al que también concurría, muy seguido, sor Alice, y algunas veces Lčonie Duquet.

La ausencia de Azucena Villaflor en la reunión del día clave exasperó a Astiz. La secuestraron en la avenida Mitre, en Sarandí, a pasos de su casa, el sábado 10, cuando las Madres habían logrado que el diario La Nación les publicara una solicitada. Se la llevaron tres hombres.

Tal vez se esperaba desarmar a las Madres. -Creían -dice Nélida- que esa noche nos habían amedrentado. El jueves siguiente fuimos todas a la Plaza; tuvimos pánico, pero seguimos.

Para Cerruti, las madres que entonces desaparecieron -nos inculcaron que la lucha no debía ser individual.

Por lo que hoy se ha podido reconstruir, principalmente gracias a las versiones de testigos de los hechos, las monjas fueron llevadas a la Escuela de Mecánica de la Armada, donde luego de seis días de ser sometidas a torturas y vejámenes y fueron asesinadas. Jamás fueron recuperados.

En lo que constituyó una torpe maniobra del Gobierno por distraer a la presión diplomática y la opinión pública internacional, Alice y Leonie fueron fotografiadas en la ESMA bajo una bandera de la agrupación Montoneros, con el objetivo de culpar este grupo del secuestro. La hipótesis fue prontamente descartada en general por todos los sectores.

Los gobiernos de Estados Unidos, Francia y la Iglesia Católica ejercieron presiones sobre la Junta Militar para que se resolviera el caso de las monjas, pero luego de un tiempo las acciones se fueron debilitando y finalmente el asunto quedó en el más completo olvido.

El secuestro de las monjas francesas y las Madres de Plaza de Mayo fue uno de los golpes más duros de la dictadura para con los familiares de las víctimas. Sin embargo, la intimidación no tuvo efecto. Por el contrario, las Madres volvieron a su ronda el jueves siguiente y continuaron demandando por justicia y verdad, hasta el día de hoy*.

Esta publicación contiene una serie de documentos desclasificados por el Departamento de Estado de Estados Unidos y una selección de documentos de la prensa gráfica argentina, que contextualizan los hechos y permiten profundizar el análisis de lo sucedido. Los 16 documentos desclasificados fueron seleccionados por el National Security Archive.

NOTA DE LA NAC&POP: El equipo de antropología forense que descubrio la identidad de Azucena Villaflor y las demas madres secuestradas ese dia en la Iglesia, recibieron el Premio mayor del 2004, de la Agrupación Oesterheld, una estatuilla de El Eternauta, de las mismas manos de Elsa Oesterheld, por su enorme aporte a la recuperacion de la identidad de los compańeros y compańeras muertos en la lucha, quienes lo recibieron en un emotivo acto, realizado en el Café Tortoni de Buenos Aires (Av. de Mayo 825) lateral al acto central realizado en el Hotel Bauen un par de dias antes, donde se premio a la totalidad de los luchadores politicos y sociales de 2004, entre ellos a Olga Aredez, ya fallecida, quien recibio un estruendoso aplauso ante la enorme concurrencia de compańeros y compańeras que se reunieron ese dia para consagrar a nuestros y nuestras mejores.


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