Plataforma Argentina contra la Impunidad
Derechos Humanos

Para Chicha Mariani

Viernes 7 de julio de 2006.

Un aplauso. Un aplauso cerrado sonó. Pero contenedor. Contenedor de muchas cosas. De tantas. Un aplauso cerrado sonó, resonó en ese salón Dorado de la Municipalidad de La Plata. Era una mujer, serena, quien estaba parada en ese salón. Después de tantos años, algo. Alguien, varios, muchos expresando tanto, tantas cosas.

Tanto hacia esa mujer. De tanto tiempo a esta parte, un aplauso cerrado giró envolvente en ese salón. De pie. Como ella que tantas veces tuvo que esperar de pie y escuchar la deshonra de voces desde la sombra del infierno. Y ahora, esa lucha. Tantos años después de tanta muerte, de seres, de sus seres queridos. De tanta ignominia, un aplauso cerrado.

Pero abierto, a esos años buscando, buscando una verdad, de miles, para que en esa verdad sean miles. Miles de chicos que vuelvan a saber. Que vuelvan a su hogar, que retornen al amor perdido, sustraído, al amor primero. Un aplauso cerrado anudó el corazón. Después de treinta años, frente a unos pañuelos blancos, similares, sobre rostros similares, de mujeres similares. De dolor, desdicha y sufrimiento. De lucha que llega a una verdad, a una verdad de a poco. Hacia esa niña van, vamos, va esa mujer que dijo “no me puedo dar el lujo de morirme sin encontrar a mi nieta” .

Su mano ya sostiene un bastón blanco. Su mirada está enclavada, hay un pasado atroz. Pero ahora ve más en este presente que acaricia. Su nieta la espera. Esta nueva mujer la espera, y no lo sabe. Ahí vamos Clara Anahí. Un mundo nuevo te espera, la verdad palpita. Unas manos con un bastón. Una verdad a develar. Un nuevo nombre: Sí, Clara, Clara Anahí. Tu verdadero nombre.

La Plata, 5 julio de 2006.


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