Plataforma Argentina contra la Impunidad
Derechos Humanos

Julio López: siempre con nosotros

Miércoles 27 de diciembre de 2006.

A tres meses de la desaparición de Julio Lopez nuestra sociedad sigue siendo interpelada por la impunidad.

Después de confundir a la familia y a la sociedad sobre la situación de Julio y una profusa campaña mediática de gestos ampulosos de la policía bonaerense en la "búsqueda" de un "anciano perdido o con desvarío" el gobernador Solá admitió el fracaso.

No es novedad para nosotros los bonaerenses, viniendo de quien fuera durante años participante activo en el proyecto económico y político de Menem, con los indultos a los genocidas y la permanente reivindicación de la fuerzas armadas dictatoriales incluidos.

No por que sea un incapaz, en realidad en la historia ha demostrado ser "capaz" de cualquier cosa como tantos funcionarios en la Argentina. Sino por algo mucho más gravoso para todos nosotros: el "fracaso" de la justicia, el triunfo de la impunidad como regla en la vida cotidiana de nuestra sociedad.

La ausencia de justicia está implícita en las políticas de gobierno, en sus prioridades, en su pragmática sin límites, en los valores y objetivos que la sustentan.

Y esto corre también para el gobierno nacional.

La actitud inmediata frente al secuestro de Julio fue la especulación política antes que la acción investigativa y la presión sobre los posibles grupos operativos y sus instigadores para que devolvieran con vida a nuestro compañero.

Todos sabemos que no se trata de delincuentes azarosos ni una respuesta caliente al coraje y el compromiso de un verdadero militante de la resistencia peronista, miembro de las bases trabajadoras de los movimientos liberadores de los años 70, consciente luchador por la construcción de la memoria de nuestro pueblo y el juicio y castigo a los genocidas.

La operación del Estado se centró en emitir barreras de humo para "planchar" el tema en los medios y confundir a la opinión pública y engañar con vileza a la familia.

La búsqueda del viejito perdido, los llamamientos a quienes guardarían al hombre atormentado por el miedo, se llegó a convertir en pedidos de investigación sobre la propia víctima y sus familiares. Hasta la infamia de dudar de la militancia y honestidad de Julio se lanzó a la prensa con "desmadre" desde la cercanía de la Casa Rosada. Mientras el Ministro del Interior, Aníbal Fernandez, el Secretario de Derechos Humanos, Luis Duhalde y el Procurador Nacional, Esteban Righi en una actitud casi demencial siguen afirmando que no hay elementos para suponer un delito y pretenden que la sociedad "Busquemos a Julio" en la casa de su tía.

Sus compañeros de siempre tuvimos que llegar a la Corte Suprema para que se asuma la investigación como causa federal en tanto desaparición de un testigo en un juicio por genocidio en el marco de una continuidad de amenazas y operaciones políticas para impedirlo.

Hoy la compañera y los hijos de Julio parecen deshacerse con resignación de las ilusiones y pretendidos atajos que le presentaron los funcionarios de la policía y el gobierno de la provincia para traerlo a casa con vida: "No sabemos que pasó. Nadie nos da una respuesta. Solo sabemos que nuestra angustia crece día a día."

Como todo el pueblo trabajador y honesto de la Argentina reclaman al Presidente: ".......ahora estamos en democracia, creemos en ella, creemos en la Justicia como creyó Tito cuando con sus 77 años a cuestas fue a contar la ‘verdad’ para que la historia negra no se repita, sólo fue a pedir ‘justicia’ y hoy no está”.

Los que como él, militamos y vamos a los tribunales "para que todos los argentinos sepan" y "para que haya justicia", exigimos desde el primer día acción política y operatividad contundente frente a su desaparición. Porque está claro que terminar con la impunidad en la Argentina no es un tema policial ni judicial a secas. El triunfo de la Justicia es sólo posible como el resultado de la movilización política de las fuerzas sociales en una tarea envolvente con una gestión de gobierno decidida en serio y a fondo a dar la misma batalla que el común de nuestro pueblo.

El Presidente Kirchner asumió con apenas un 20% de los votos. La escalada de apoyo popular lo logró cuando expuso su discurso de defensa de los derechos humanos, la justicia social y la independencia junto a los otros pueblos latinoamericanos. No permitiremos esta vez que se diga una cosa y se haga otra, no descansaremos aún frente a las lisonjas y las buenas intenciones. El pueblo argentino ya eligió hace cinco años en estas mismas fechas el camino de la lucha por una democracia con justicia. En esa elección hemos puesto muchos muertos y agregamos como siempre el esfuerzo cotidiano, por eso no permitiremos ni un paso atrás, no aceptaremos más dudas ni especulaciones electoralistas.

El pendulismo político ha demostrado en la historia su ineficacia, no se puede estar bien con el pueblo y con los enemigos del pueblo. La confianza entre las bases sociales y la conducción política es un elemento indispensable a preservar por la vía de la práctica profunda, decidida y sostenida de hacer lo que se dice.

La derecha, las grandes multinacionales, las corporaciones estatales y privadas, policiales y judiciales convertidas en las mafias del control cotidiano de la dependencia y la explotación de nuestro pueblo sostienen por naturaleza el sistema y la cultura de la impunidad.

Por eso trabajan a diario tratando de construir la intolerancia, por vías del hartazgo y la desesperanza.

La desaparición de Julio Lopez es una prueba más, un desafío político militar y político cultural a la decisión por la vigencia de la justicia que nosotros como pueblo hemos asumido y que por eso estamos movilizados.

El gobierno nacional tiene que dar cuenta de esto poniéndose al frente de una política por la vigencia de la justicia, contundente y sin resuellos, movilizando con confianza a las fuerzas sociales tras las medidas concretas de un plan de acción que ponga fin a la operatividad y la cultura de la impunidad de cara al genocidio de ayer y de hoy.

Recién entonces Julio Lopez y los 30 mil compañeros aparecerán con vida.

Rufino Almeida


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