Plataforma Argentina contra la Impunidad
Justicia

JUCIOS A LOS GENOCIDAS ARGENTINOS

Jueves 8 de noviembre de 2007.

Publicamos los comunicados de prensa del Equipo de Querellantes y Abogados en la Causa ESMA, Primer Cuerpo y Campo de Mayo.

Durante la sexta jornada de juicio oral contra el integrante del Grupo de Tareas 3.3.2 de la ESMA, el Prefecto Héctor Febres, los cuatro sobrevivientes que declararon confesaron que aún hoy, a treinta años del horror, el miedo sigue estando presente. "Permaneció incluso finalizada la dictadura, porque seguíamos estando y sintiéndonos vigilados", fue la frase común. La situación de Jorge Julio López, el testigo en el juicio contra el comisario de la bonaerense Miguel Etchecolatz y que está desaparecido por segunda vez, también fue recurrente en la audiencia de hoy. A pesar de eso, la decisión es unánime. "Vamos a seguir aportando al esclarecimiento de lo que pasó en la dictadura militar pero juntemos las causas, es jodido hablar de cosas que siguen pegando", resumió emocionado en una interpelación a la justicia, el sobreviviente de la ESMA, "Rolo" Miño.

Arquitecto, correntino y ex detenido desaparecido en la ESMA José Orlando Miño fue el segundo en declarar y manifestó que el prefecto Héctor Antonio Febres se movía con plena libertad en la ESMA, "lo vi en distintas oportunidades", aseguró. "Era un tipo muy gordo, prepotente y desagradable y le decían Selva, porque era más animal que los animales". Secuestrado el 13 de noviembre de 1979, Miño lo empezó a pasar mal en su departamento, tomado por los grupos de tareas de la ESMA, cuando los represores le encontraron una carpeta con documentación de Montoneros, organización en la que militaba. Golpes, amenazas, insultos. Hasta que, engrillado, esposado y vendado, lo trasladaron a un centro de detención y allí lo torturaron en la cama metálica. Buscaban a su compañero Jorge "Pata" Pared. Los represores montaron incluso una ratonera en su departamento y en el estudio de arquitectos donde Miño trabajaba en esa época, a la espera de que apareciera su compañero de militancia. La tortura aflojó cuando el "Pata" apareció tan prisionero como él en la ESMA. "Ocurrió una situación muy loca, nos tenían presos, esposados, engrillados viendo una pelea de box por TV, con un represor, como si fuera una reunión de amigos".Luego a Miño lo sometieron al "Plan de recuperación del subversivo", que consistía en usar a los prisioneros políticos como mano de obra esclava. "Llegar al otro día vivo era como un pequeño triunfo", dijo Miño. Se emocionó al recordar que fue Carlos Lordkipanidse, unos de los querellantes en este juicio, quien pidió a los genocidas que lo destinaran a ayudarle en su trabajo de documentación e imprenta ya que además de arquitecto, Miño es fotógrafo. Pero no sólo los obligaban a hacer trabajos institucionales, bajo este régimen de esclavitud también estaban a disposición de los caprichos de los captores y recordó que el represor Díaz Smith le pidió que le hiciera el proyecto de una casa en el Tigre. Su relato se interrumpía cada vez que recordaba los nombres de los compañeros que fueron hechos desaparecer: Elsa Fernández, Josefina Villaflor, el Pata, etc. Porque ésta fue otra constante de hoy: el recuerdo y la reivindicación de los militantes asesinados sin piedad por los genocidas.

"Me mueve una profunda vocación de justicia para mi familia y para los miles de compañeros exterminados en ese centro. Me sorprende sí que estemos acusando a Febres por muy pocos casos. Yo pido justicia además para mis compañeros caídos", demandó enérgico Manuel Franco. Simbolizó a los miles de desaparecidos en manos de los represores de la ESMA en las personas de Diego Fernando Menéndez y Alejo Mallea, "que se despojaron de todo beneficio personal en pro del desarrollo de una idea que hoy nos permitiría estar en otras condiciones".

Manuel Fernando Franco, de 54 años, casado, remisero, ex militante de la JP, quien fue el último en prestar declaraciones en esta sexta audiencia. Detenido el 7 de octubre de 1979 cuando salía de la casa de su madre, en Gallo y avenida Corrientes, Franco fue violentamente abordado por un grupo de tareas de la ESMA. Aún recuerda a Febres parado en la mitad de la calle, dando indicaciones a los otros represores durante su secuestro. También lo recordó durante las sesiones de tortura. "Daba las órdenes acerca de cómo aplicar la picana". Pero también rememoró los gestos de solidaridad de sus compañeros detenidos. "Yo estaba en muy malas condiciones y no olvidaré a quienes se acercaron entonces con una palabra de aliento".

Tras la sesión inaugural de picana, lo llevaron a una oficina donde también estaba Febres junto a D’Imperio y Carella, quienes le dijeron que sabían todo acerca de su vida, por ejemplo, que tenía una hija de un año. Acto seguido lo obligaron a ir con ellos a su casa, cuya dirección ya conocían, para detener a su mujer. Franco pasó más de cuarenta días preso, los cuales le dejaron profundas marcas. "Hasta cuando pedíamos ir al baño, nos golpeaban, así que evitábamos ir", dijo.

En el mismo sentido, Beatriz Elisa Tokar, la tercera sobreviviente en declarar hoy, relató que le quedaron huellas imborrables del tiempo que pasó cautiva en la ESMA. "Vivíamos bajo constantes insultos, descalificaciones y un clima de despersonalización. Aún hoy sigue siendo muy difícil reconocerme como lo que fui, una luchadora por un país mejor".

De 53 años, casada, empleada administrativa, Elsa Tokar fue detenida el 21 de septiembre de 1977 en Olivos, de allí la condujeron a un centro que entonces desconocía y la empezaron a torturar. Estaba siendo interrogada cuando entró Febres y la llamó por su nombre de militancia, Mónica. "Febres me torturaba y hacía preguntas por mis compañeros. Chamorro me dijo que me iba a quedar en el "centro de recuperación", que yo debía estar estudiando, que mi vida debió haber sido otra", relató. Fue el prefecto Febres quien dispuso que hiciera trabajo esclavo, le preguntó si sabía escribir a máquina y la mandó a hacer un escrito con el objeto de cambiar la imagen de la dictadura argentina en el exterior. En esas funciones incluso una vez la obligaron a vestirse de policía para atender a un periodista extranjero.

"Recuerdo que una vez lloré por los "traslados" de compañeros y me dijeron que no podía llorar si no, creerían que era un fracaso el proceso de recuperación...A veces nos sacaban en viajes a reconocer otros compañeros y en esos trayectos, los genocidas iban contando historias de lo que le hacían a los compañeros. Alardeaban con eso", declaró Tokar. Héctor Febres fue también quien la llevó a ver a su mamá por primera vez durante su cautiverio, hasta que a fines de julio de 1978 la dejaron dormir en su casa aunque seguía cautiva. Durante ese tiempo, estaba sometida a trabajo esclavo en la Cancillería cuando ésta estaba en poder de la Armada.

Elisa estuvo en contacto constante con las prisioneras embarazadas en la ESMA y recordó en especial la ternura de Alicia Alfonsín de Cabandié, la "Bebe". Narró haber visto a Febres entrar una vez con dos lujosos moisés y unos finísimos ajuares de ropa para bebés. De hecho su testimonio en la causa por el robo de niños nacidos en cautiverio, fue fundamental para procesar a Héctor Febres por su responsabilidad en estos crímenes de lesa humanidad. "Recién comencé a sentirme liberada cuando vi por primera vez mi nombre en un diario denunciando a Febres por el robo de bebés", confesó.

"Intenté olvidar, mirar para otro lado y mimetizarme con la sociedad pero descubrí que esto nos ayuda a salir adelante pero también es volver a caminar noche y día por la ESMA porque cuesta no olvidarse de nada y tenemos miedo. Julio López existe", afirmó Tokar.

La contundente jornada de hoy se inauguró pasadas las 10.30 con el testimonio de Dora Laura Seoane, de 59 años, empleada administrativa, con quien entonces era su esposo, el testigo Víctor Basterra. Ambos fueron detenidos el 10 de agosto de 1979 en su casa de Valentín Alsina, junto a su beba de dos meses, María Eva. En el operativo estaba la plana mayor de la ESMA como Donda y Peyón, "que se quedó conmigo mientras los demás represores revolvían todo. Me pidieron que los acompañara para un interrogatorio y preparé un bolso con ropa para la bebé". Al volante del auto en que la llevaron estaba Ricardo Cavallo. Tras un largo viaje, llegaron a un lugar donde le ordenaron quitarse la ropa. "Me hicieron acostar, me ataron los pies y manos a la cama y ahí conocí lo que es la picana". Pechos, ingle vientre nada quedó libre de la electricidad. Dora relató que le preguntaban por la militancia de su marido, de sus hermanos, de su cuñado, por las reuniones que se hacían en su casa. "Hasta me preguntaban por una libretita donde tenía anotados datos de la bebé, como los horarios de las mamaderas, y creían que era información cifrada", señaló.

Un día le pusieron un reflector fuerte en la cara y sólo pudo divisar a Cavallo y D’Imperio quien le dijo que se quedaría un tiempo hasta "recuperarse" de su forma de pensar. Le preguntaron con quién quería dejar a la bebé y les dijo que con una hermana de La Plata. Pero sorpresivamente luego le informaron que la iban a soltar y la llevaron a la casa de su hermana, una semana después de su secuestro. "Me advirtieron que Víctor seguía en poder de ellos y que no hiciera ninguna denuncia. Me llamaban constantemente para amedrentarme y el 17 de enero de 1980 permitieron que Víctor nos hiciera una visita y ahí quedé embarazada nuevamente lo que me tuvo muy angustiada. Desconocía la suerte que correría mi esposo y vivía bajo vigilancia constante". De hecho, relató que un oficial de la ESMA, el también Prefecto Jorge Manuel Díaz Smith se quedaba a dormir en su casa, cuando se mudaron a José C. Paz, como si fuera alguien de la familia. Incluso sus hijas le llegaron a decir tío.

Seoane relató que ayudó a su ex esposo a construir el archivo fotográfico de los represores poniendo en riesgo su vida y la de sus hijas, pero pensando en un futuro de verdad y justicia. "Cuando declaramos por primera vez en la Conadep y en el Juicio a la Junta, mis hijas tenían 5 años y teníamos miedo. Ahora tengo una nieta de cinco años, cuyos abuelos están desaparecidos y los otros abuelos somos ex detenidos desaparecidos, y seguimos declarando. A pesar del miedo que uno tiene, vale la pena seguir declarando, recuerdo el Nunca Más del fiscal Strassera y ahora, a 22 años de eso, tenemos a Julio López desaparecido", concluyó Dora Seoane.

Tel. contacto Dr. Rodolfo Yanzón 15-50170167

Dra. Mónica González Vivero 15-5408.3608

Buenos Aires, 6 de noviembre de 2007


Firmas: 0

Foro

Fecha Nombre Mensaje