Plataforma Argentina contra la Impunidad
Justicia

JUCIO A LOS GENOCIDAS ARGENTINOS (2)

Viernes 9 de noviembre de 2007.

Un sobreviviente reconoció a Febres mediante una fotografía

La despersonalización, la crueldad extrema, el atropello a la dignidad y el poder total que ostentaban sobre sus "presas" quedó en evidencia hoy durante los relatos de los cuatro sobrevivientes de los grupos de tareas que funcionaron en la Escuela de Mecánica de la Armada en la dictadura. Los valientes y conmovedores testimonios, que en su mayoría reivindicaron a las víctimas -militantes populares comprometidos con la lucha por un país mejor- se escucharon en la séptima audiencia del juicio oral que investiga las responsabilidades penales del genocida Héctor Febres, prefecto naval que actuó como oficial de inteligencia en la ESMA.

Angel Strazzeri, el primero en declarar hoy, reclamó porque las condiciones en las que están detenidos los represores, más que una detención parece ser "una forma de protegerlos". Además denunció que ninguno de los genocidas en todos estos años ha dado el más mínimo dato para saber qué pasó con "nuestros compañeros, ni quiénes tienen los chicos apropiados". Héctor Febres era quien tenía a su cargo la situación de las prisioneras embarazadas y de los niños nacidos en la ESMA, que fueron dados ilegalmente en adopción a personas ligadas a los militares.

Strazzeri partió denunciando que Febres estuvo presente en la sesión de torturas a la que fue sometido a su llegada como secuestrado a la Escuela de Mecánica de la Armada. "Me colocaron una capucha y me aplicaron picana", denunció Strazzeri. El sobreviviente fue secuestrado en diciembre de 1978 y quedó alojado en el denominado "Sector 4", en el subsuelo de la ESMA y permaneció seis meses encapuchado. Tras este tiempo pudo asomarse por una ventanita y ver por primera vez, la luz y el río. "No podía entender el abismo que existía entre la oscuridad y la luz", confesó en una impactante declaración.

Asimismo, fue sobrecogedor escucharlo decir que durante estas horrorosas e interminables sesiones de tortura no pudo evitar dar el domicilio donde se encontraba su familia, lo que significó que su mujer también fuera secuestrada. Estuvo ochos meses sin saber de su compañera, culpándose por no haber resistido tanta picana y "esa fue la peor de mis torturas. Llegué e pensar incluso en suicidarme", confidenció.

El sobreviviente permaneció en poder de los represores un año y tres meses, asegurando que las condiciones de detención eran "infrahumanas". Como otros testigos, fue obligado a efectuar trabajo esclavo, recopilando información periodística sobre los ex almirantes Emilio Eduardo Massera y Armando Lambruschini.

El segundo testigo de la jornada de hoy fue Víctor Fatala, detenido en noviembre del 78 en la puerta de su domicilio en Capital Federal por un grupo de tareas de la ESMA, recinto hasta donde lo trasladaron. "Me sometieron durante dos horas a picana eléctrica, en el casino de oficiales", relató.

Luego fue elegido como mano de obra esclava al servicio de los represores. "Estaba en la Pecera, que era un pasillo largo donde a los costados habían oficinas hechas con vidrios lo que permitía a los "verdes" vernos trabajar, como si estuviéramos en una pecera". Después y a raíz de una visita de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos vino el traslado de los prisioneros a una isla del Tigre, donde continuaron bajo régimen de esclavitud trabajando en el campo, en un emprendimiento comercial que los represores tenían en el Delta. Regresaron a la ESMA y al poco tiempo lo llevaron a "trabajar" a una casa de Zapiola y Jaramillo, en análisis de la información o elaborando proyectos para la Comisión de Asesoramiento Legislativo (CAL). Aunque Fatala, declara no haber tenido mayor trato con el prefecto Febres, sabía que estaba en los operativos y que era hincha de Independiente "porque ese año, ganó y él andaba exultante". Durante su testimonio se le exhibió una fotografía del genocida, al cual reconoció de inmediato como el "gordo Daniel". Añadió que un tal Fredy, "creo que era de Prefectura reportaba a la persona de Daniel". Agregó que aunque la ESMA era de la Marina "ahí conocí gente de todas las fuerzas: prefectos, penitenciarios, ejército, policía, y la tortura la podía aplicar uno u otro".

Emocionado recordó cómo se enteraron de que los otros detenidos habían sido asesinados. "Cuando uno esté en ese nivel de infierno, que no sabe si vive, si muere, el ser humano busca sobrevivir y estaba el guardia que te traía el mate cocido caliente y el que te lo traía frío y se era posible, con sal. Entonces uno a alguno le podía preguntar qué había pasado con los compañeros".

Alfredo Virgilio Ayala, 54 años, soltero, empleado, ex dirigente del Movimiento Nacional Villero Peronista empezó su testimonio reclamando por la demora en la aplicación de justicia. "Hace treinta años que estoy esperando decir la verdad", reclamó. Y agregó al finalizar su testimonio que aún "me siento secuestrado por la forma en que se está llevando este caso. Ante tanta evidencia, qué más hace falta para hacer un solo gran juicio. Nosotros estamos obligados a recordar cosas que siguen doliendo, en vez de dedicarnos a tratar de encontrar a los compañeros desaparecidos".

Ayala fue secuestrado en un operativo enorme realizado una madrugada de septiembre de 1977 en una casa precaria donde estaba escondido, en Bancalari. "Me exigían que entregara las armas y yo no tenía. Me patearon mucho la cabeza y el estómago, me pusieron una capucha, esposas y grilletes y así me llevaron a un lugar que desconocía". La mujer que estaba con él, también fue secuestrada y llevada a la ESMA, donde pudo escuchar sus gritos mientras era brutalmente torturada como él. "Recuerdo que me puse a llorar por lo que le hacían. Esa era otra forma de tortura. Empecé a gritar que ya no la golpearan más". El testigo enfatizó que apenas fue detenido y durante todo su cautiverio fue tratado como un paquete, ya fuera porque, sin posibilidad alguna de ver por dónde caminaba, los represores se burlaban cuando lo hacían golpearse contra otros objetos, o porque fue sometido a esclavitud, incluso al servicio de familiares de los genocidas, por ejemplo de Jorge Radice.

A Ayala lo sacaron a reconocer a un compañero a una estación de trenes y pese a su negativa a entregarlo, al verlo avanzar por el andén, se puso a llorar "como me está sucediendo ahora". Ahí los represores entendieron que ese hombre grandote era a quien buscaban. Se trataba del Yeti, su amigo y compañero, asesinado por los represores en ese mismo operativo.

Más adelante, Ayala narró que en las sesiones de tortura que sufrió estaba el "gordo Daniel" y que incluso le sacó las esposas y le ordenó tirarse en la cama antes de empezar a picanearlo. Emocionado, relató el primer encuentro con uno de sus compañeros de militancia y luego de cautiverio, Bichi. "Estaba todo golpeado, con la cara hinchada, los labios cortados", dijo.

Tras la etapa inicial de picana, fue destinado a realizar trabajo esclavo, básicamente de albañilería, junto a la perrada, donde estaban dos de los querellantes en este juicio, Carlos García y Alfredo Margari, a quienes recordó con gran emoción y afecto. Además relató que otro ex detenido, Ricardo Coquet, obligado a trabajar en carpintería en un momento se cortó un dedo con la sierra y el que se devoró el perro del Almirante Massera.

También declaró que tras un largo período sometido a este régimen de esclavitud y cuando lo sacaban a trabajar fuera de la ESMA, decidió no regresar pero a los pocos días aparecieron hombres de la ESMA por su domicilio que lo metieron a un Renault 12 blanco y lo llevaron de vuelta al recinto. Permaneció largo tiempo bajo régimen de castigo, literalmente a pan y agua. Nuevamente fue sometido a trabajos obligados, debiendo reparar casas que seguramente los genocidas habían robado a algunas víctimas y se las apropiaban. De hecho, Ayala afirmó que sabía que los represores habían montado una empresa de construcción y una inmobiliaria.

El último testigo de hoy fue Rolando Ramón Pisarelo, 53 años, comerciante, secuestrado en Montevideo el 16 de diciembre de 1977, hasta donde lo fue a buscar la patota de la ESMA para traerlo al país. Entre ellos estaba el Prefecto Febres y lo trasladaron en un avión directamente a la ESMA, donde le asignaron el número 047. Allí fue encapuchado, esposado, le pusieron grilletes y fue torturado. Más adelante lo obligaron a trabajar para los represores en el laboratorio fotográfico ubicado en el sótano del recinto.

Calcula que para la Navidad del 77 había en capucha unos 100 o 120 prisioneros y que en enero del 78 se produjo el primer gran "traslado", quedando muchos menos prisioneros. "Pude ver las ropas de todos los compañeros que habían estado secuestrados con nosotros en el pañol después de este traslado. Estábamos muy impactados, yo creo que tardamos un mes en darnos cuenta de qué se trataba esto y que era una forma de bajar la población. Pero no me entraba en la cabeza tanta muerte", sostuvo.

Las audiencias continúan mañana jueves con otros impactantes testimonios de ex detenidos desaparecidos.

Equipo de Querellantes y Abogados en la Causa ESMA, Primer Cuerpo y Campo de Mayo

Tel. contacto Dr. Rodolfo Yanzón 15-50170167

Dra. Mónica González Vivero 15-5408.3608

Buenos Aires, 7 de noviembre de 2007


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