Plataforma Argentina contra la Impunidad
Justicia

Juicios a los genocidas (3)

Lunes 12 de noviembre de 2007.

Testigos describieron a Febres como un cruel torturador

Un reclamo generalizado por lo limitada de las acusaciones se pudo escuchar de parte de los testigos que declararon durante la octava jornada del juicio oral y público que investiga la actuación del genocida Héctor Febres en el tiempo en que fue oficial de inteligencia en la ESMA. Ex detenidos desaparecidos, víctimas de Febres y de decenas de uniformados que integraron los siniestros grupos de tareas que operaron en ese recinto de la Armada, todos describieron al Prefecto como un tipo desagradable y cruel.

Enrique Mario Fukman aseguró que este perverso incluso violaba a las prisioneras cuando las llevaba al baño. Así como a los prisioneros varones se los "colgaba de las esposas en las cabreadas y los utilizaban como bolsas de boxeo". El sobreviviente, que tenía el número 272 en la ESMA, relató que los grilletes, la capucha y las esposas eran parte de la vida en ese lugar. "Los únicos tres minutos que nos permitían sentir que estábamos vivos eran cuando nos llevaban a bañarnos y nos dejaban quitarnos las capuchas". Incluso cuando c omían, "que nos daban un pedazo de pan y un mate cocido, lo hacíamos por debajo de la capucha". Agregó que en esta lógica criminal, donde los prisioneros eran considerados objetos, sufrían permanentemente los abusos de todos los uniformados. "A veces el guardia se aburría y nos ponía diuréticos, y nos descomponíamos".

Más duro fue escucharlo decir "que yo pudiera dormir tenía que ver con que habían quedado camas vacías porque habían matado compañeros". Fukman también recordó el episodio de traslado a una isla de Tigre, que fue hecho por Febres, para eludir la visita de organismos de derechos humanos. "Hacíamos trabajo esclavo, nos daban machetes, debíamos hacer una fila y ellos nos apuntaban con los fusiles, como si fuéramos esclavos y no era una película". El ex desaparecido manifestó que en la ESMA también había una panadería, cuyos hornos se dijo que eran utilizados para quemar a prisioneros. "Por ejemplo, cuando eran pocos los compañeros que tenían que matar".

María Milesi de Pisarello fue quien inauguró la última audiencia de la semana pasada y relató que estando cautiva en Uruguay, junto a su esposo y su beba, fue trasladada a Argentina en un avión que la condujo hasta la ESMA, operativo en el cual participó el Prefecto Febres. Debió permanecer en la ESMA desde diciembre de 1977 hasta marzo de 1979, período en el cual su pequeña hija fue entregada a los abuelos maternos en Santa Fe. Según la mujer, Febres "salía de los cuartos de tortura más sacado de lo habitual por lo que puedo entender que participaba" de las sesiones de tortura contra prisioneros políticos.

Lydia Vieyra fue secuestrada el 11 de marzo del 77 en pleno centro porteño por un grupo armado, que la llevó a la ESMA, donde la metieron al sótano. Allí la recibió Pernía y comenzaron las torturas y una peculiar charla sobre la moral en medio de sus desgarros de dolor. Relató que asistió a la detenida desaparecida Hilda Pérez cuando dio a luz a una nena hermosa a quien llamó Victoria, apropiada por otro miembro del Grupo de Tareas de la ESMA, de la Prefectura Naval como Febres. Hace apenas tres años Victoria Donda fue recuperada por su familia biológica, ligada a un marino perverso que actuó en la ESMA, el capitán de fragata Adolfo Donda Tigel, hoy procesado por 62 casos de crímenes de lesa humanidad. "Apenas nació la nena, Hilda le puso una marquita en la oreja como para saber dónde podía estar si salíamos".

Conmovida, Vieyra indicó que Febres es responsable por delitos que aún se cometen en la Argentina. "Sabe a quiénes se entregaron los niños. En este país hay rehenes y este señor sabe el destino de estos chicos". La testigo pidió al tribunal que las causas se unifiquen "no sólo por los testigos, que venimos hablando hace años sobre la tortura, sino por los familiares que siguen escuchando una y otra vez las cosas".

Maria Alicia Milia de Pirles fue secuestrada en la calle en un violento operativo en mayo de 1977 y hasta enero de 1979 padeció los peores tormentos físicos y psíquicos en la ESMA. Los guardias la dejaron en la enfermería porque le habían roto la cabeza durante su secuestro. "Allí un Pedro, que era jefe de los verdes, me cortó toda la ropa, quedé desnuda, seguía chorreando sangre por la cabeza, y me dijo a partir de ahora usted es la 324". En esa "fiesta" del terror que practicaban los genocidas, le advirtieron que ellos deseaban que sobreviviera pero que eso dependía de ella. Es decir que "la culpa de ser torturada iba a ser mía. Es impresionante cómo uno ve cambiar la cara de su torturador, no sé cuánto tiempo estuve, me tiraron agua, me picanearon, en un momento entró un sujeto con un pilotín amarillo de navegar, y me dijo "Hola Susanita, soy el Tigre Acosta" con un whisky en la mano".

En su declaración, Milia acusó que los niños nacidos en cautiverio y robados a sus familias son "botines de guerra. De esos bebés y del cuidado de sus madres estaba a cargo Febres...el gordo Daniel sabe quienes son aquellos que recibieron un niño de la ESMA. Era el encargado de los chicos, de la relación con las madres, de los ajuares".

Recordó a Febres como un hombre que solía perder los estribos, sin escrúpulos, "tenía un mirar feo, libidinoso, era soez y desagradable".

La testigo hizo un relato pormenorizado y escalofriante de los "traslados de prisioneros" y de lo traumáticos que resultaban para los sobrevivientes. Contó que el propio Astiz le dijo que subían a los prisioneros dormidos en los aviones, "se introducían al mar argentino, el cual a determinada altura, decía, es como una plancha de hierro con la que se estrellaban los secuestrados, a quienes se comían las orcas del mar. Me di cuenta de que no había tal recuperación sólo mar argentino y muerte". Emocionada, Milia reseñó ante la audiencia que la muerte en la ESMA no sólo se olía sino que también se podía oír en los días de traslados, que generalmente eran los miércoles.

Por último, Alicia Milia reclamó porque éste no es el juicio que ella anhela, donde a un represor como Febres se lo acusa sólo por cuatro casos "pero yo he decidido venir porque éste es el juicio que pudimos conseguir, porque la justicia no actúa, o lo hace con una lentitud que no entiendo. Yo creo que al pueblo argentino se le debe una explicación".

Marisa Sadi fue secuestrada cuando estaba durmiendo con su hija de un año en su casa de Gascón y Sarmiento, el 7 de octubre de 1979. Un individuo gordo la llamó por el nombre con que era conocida entre sus compañeros, "Inés". Era "Selva" o "Daniel, es decir, Febres. Su marido, Manuel Franco, ya estaba en poder de los genocidas y siguió cautivo cuando ella fue liberada. El propio Febres la amenazaba constantemente con hacerle algo a su esposo, que seguía en su poder, o a algún otro miembro de su familia, si ella los desobedecía.

Asimismo, expresó que casi todo el interrogatorio que sufrió estuvo centrado en el dirigente montonero Fernando Diego Menéndez, a quien calificó como un compañero excepcional, y en Alejo Mallea, a pesar de que ya habían sido asesinados por los genocidas. "Pero entiendo que en la esencia de ellos está la esencia de miles de jóvenes que se tragó la ESMA".

Las audiencias continúan mañana martes a las 10.30 horas.

Equipo de Querellantes y Abogados en la Causa ESMA, Primer Cuerpo y Campo de Mayo

Tel. contacto Dr. Rodolfo Yanzón 15-50170167

Dra. Mónica González Vivero 15-5408.3608


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