Plataforma Argentina contra la Impunidad
Justicia

Juicios a los genocidas (4)

Viernes 16 de noviembre de 2007.

EXHORTAN A REPRESORES A DECIR DÓNDE ESTÁN LOS NIÑOS ROBADOS

Un llamado a Héctor Febres y todos los miembros el grupo de tareas que actuaron en la ESMA formularon hoy los testigos que declararon en el juicio que realiza el Tribunal Oral Federal nº 5 en contra del represor, prefecto naval en retiro, para que diga dónde están los niños nacidos durante el cautiverio de sus madres en ese recinto de la Armada y que ellos dieron ilegalmente en adopción.

"Acá hay delitos que se siguen cometiendo, Febres es un torturador aún hoy, porque siguen torturando a las familias que hace treinta años buscan a sus niños, y hoy ya son hombres y mujeres", reclamó Ana María Martí, una sobreviviente que aportó importantes antecedentes acerca del rol del prefecto en la ESMA

"Me habría gustado tener a Febres acá para preguntarle dónde dejó a los bebés. Yo vi al menos a 15 mujeres tener sus hijos en la ESMA y él sabe dónde están esos chicos. Es un horror vivir treinta años con esa angustia", insistió la testigo de 62 años, divorciada, jubilada, quien pasó 20 meses en la Escuela Mecánica de la Armada, entre marzo de 1977 y diciembre de 1978. Al ser llevada a la ESMA, el "tigre" Acosta, que quedó como responsable de su "proceso de recuperación", le dio un discurso acerca de la tortura. "Quería asustarme, pero no necesitaba hacerlo si hacía menos de una hora estaba en el patio de mi casa haciendo la tarea con mis hijos y ahora estaba con toda la maldad del mundo en la ESMA".

La ex detenida desparecida, hizo una escalofriante declaración acerca de lo que se siente al sufrir la picana. "García Velazco me aplicó la picana de manera muy salvaje, incluso en la vagina. No se encuentran palabras para reproducir lo que se siente...La electricidad hace que el cuerpo sea algo separado del cerebro, actúa solo, salta, es una experiencia totalmente traumática, me desvanecí en varias oportunidades, hubo veces en que no podía respirar, me sacaban la capucha y ahí entraba un médico. Perdí la conciencia y cuando desperté ya estaba en "capucha", dijo.

Narró que cuando Horacio Maggio, uno de sus compañeros de cautiverio, se fugó de la ESMA, el "Tigre" la sacó al playón junto a todos los detenidos sometidos a esclavitud, y le exhibió el cuerpo sin vida de Maggio, que había sido recapturado y tenía su cráneo abierto sobre el cual Acosta la obligó a posar la nariz, advirtiéndole que eso le iba a pasar si intentaba fugarse.

Sin pausas, con la emoción entrecortándole la voz, Ana María relató con una enorme claridad decenas de episodios dramáticos vividos en poder de genocidas, difíciles de resumir en pocas líneas. A pesar del inmenso dolor, no faltó la solidaridad y Martí admite que si pudo resistir hasta hoy fue gracias a sus compañeros de cautiverio. "Cuando te secuestraban, te decían "por algo habrá sido" y luego si quedabas viva en libertad decían "por algo habrá sido", dijo resumiendo el largo padecer físico y psíquico de quienes además fueron sometidos por los genocidas a un régimen esclavo y hoy en su mayoría han hecho aportes fundamentales para esclarecer lo que ocurrió y llevar a los represores a la cárcel.

Martí, por ejemplo, fue obligada a hacer traducciones del francés y a veces las hacía una y otra vez para que no pareciera que no tenía nada que hacer porque "mi vida dependía de que ellos me necesitaran".

Imposible olvidar los días de "traslados", el olor del sótano y el silencio que rondaba la capucha en esos trágicos miércoles. "Los guardias usaban botas blancas como las que usan en los frigoríficos", señaló. Martí aportó además una larga lista de nombres de compañeros, víctimas de los grupos tareas así como de los represores que tuvo la desgracia de conocer. Recalcó que Febres era un tipo perverso y que lo vio a diario en el campo de concentración, ocupándose de las más diversas tareas represivas. Pero le impactó en especial la maldad con las prisioneras que acaban de parir a sus hijos que luego les fueron robados por este perverso represor, en el esquema del plan sistemático de apropiación de menores.

Ana Martí relató que incluso cuando fue liberada con sus pequeños hijos de 6 y 8 años, que habían sido capturados por el Ejército estando ella en la ESMA, viajaron con una tía a España donde vivía su abuela. Fue el 19 de diciembre de 1978 y el propio Febres, a quien sus niños llamaban "el doctor", los llevó del cautiverio al aeropuerto. En Madrid se reencontró con ex desaparecidos y prometieron denunciar el horror. Estando en Valencia, un día Febres llamó a su casa. Los amedrentamientos y el control no pararon aunque ya estuvieran a miles de kilómetros de Argentina. Pero venciendo el pánico, el 12 de octubre de 1979 realizaron una valiente denuncia ante el Parlamento francés. Esa misma noche Martí y sus hijos viajaron a Suiza y pidieron refugio político. "A pesar del miedo, estaba muy contenta porque era como decirle al Tigre que su método de recuperación le salió para la mierda".

Ana Maria Soffiantini fue la primera en declarar en la audiencia de hoy, la novena. Fue detenida en agosto de 1977 por el grupo de tareas junto a sus pequeños hijos, Luis y María, de quienes la separaron para llevarla a la ESMA, donde "Febres me desnudó. Fue unos de los hechos que más me humilló porque es terrible esta sensación de desnudez que sufrí, empezaron a amenazarme, entró Trueno como loco, que ya sabía dónde estaba, que era la ESMA, me ataron al camastro y me empezaron a dar picana, y me mostraban un organigrama de Montoneros"

Lo peor era saber que dependían del humor de los genocidas para seguir con vida. A veces "nos hacían sentir muy mal. Yo había logrado un desdoblamiento en mi vida que me costó mucho poder analizar. Para mí lo más importante era poder reencontrarme con mis hijos, que debe haber sido por lo que muchos de nosotros no nos matamos". Los niños ya habían sido llevados con sus abuelos en Ramallo donde Febres luego volvió a visitarlos. Por eso supo que tras uno de los partos en la ESMA "Febres llevó a uno de los bebés nacidos en cautiverio a Santa Fe, porque al regreso pasó por Ramallo y habló con mi hermano diciéndole que no hicieran habeas corpus por mí...Una vez participé en el nacimiento de una embarazada, me convocó Sara Osatinsky, sólo miré, no la asistí a la compañera", recordó.

También relató que vio a Febres golpear duramente a las monjas francesas "estaba Selva con una manguera, parecía de esas que se sacan de las aspiradoras, las amenazaba y les pegaba con ella. Hasta me acuerdo que este asesino estaba vestido de rosa", denunció.

Sofiantinni también relató haber compartido el cautiverio con la dirigente montonera Norma Arrostito, Gaby, "fue una compañera que nos daba mucha fuerza. Me acuerdo que cuando la mataron, fue un día especial. El Tigre Acosta estaba muy enloquecido, diciendo se nos muere la Gaby, se nos muera la Gaby. Nos la mostraron luego en una camilla, estaba azul. Nosotros nos quedamos como muertos porque se había muerto una compañera que amábamos y respetamos mucho", recordó con dolor.

También pudo ver el fruto de los saqueos que los genocidas practicaban en las casas de sus víctimas en el pañol que estaba junto a capuchita. "Eran una máquina de matar y de robar", dijo la sobreviviente.

A su turno, Elvio Héctor Vasallo, de 75 años de edad, relató su paso por la ESMA luego de ser secuestrado en marzo de 1977 por el grupo de tareas, en la localidad de Haedo donde se había mudado recientemente con su familia. Tras las torturas y vejámenes, Vasallo -que fue detenido junto a toda su familia, incluyendo a sus hijos de 10 y 14 años- fue sometido a trabajo esclavo. De oficio albañil, su rol primero fue reacondicionar algunas partes del campo de concentración y luego reparar y construir casas que los represores se habían apropiado al detener a sus dueños. Incluso relató que estando al servicio del almirante Massera, en una oficina que éste tenía en la calle Cerrito al 1136, casi fue herido cuando el genocida sufrió un atentado con tiros hacia este despacho. "Hace 30 años que ocurrió todo esto, y con la edad que tengo yo ¿será justicia alguna vez?", se preguntó con dramatismo.

Recordó que los represores acostumbraban a usar nombres de animales (como pantera, tigre o pingüino) "pero eso es una ofensa para los animales". Por último, relató que a los prisioneros les estaba prohibido, incluso con riesgo para sus vidas, tener gestos de solidaridad entre ellos y recordó que fue castigado por darle cigarrillos a uno de sus compañeros.

Por último, declaró la arquitecta Ana María Testa, de 53 años, divorciada quien fue detenida en noviembre de 1979 y liberada en marzo de 1980, a pesar de lo cual debió seguirse reportando a los genocidas hasta julio de 1983. La sobreviviente formuló un llamado a acelerar los juicios "antes de que estos tipos se sigan muriendo porque se terminan muriendo todos. Yo creo poco en la justicia, pero más allá de eso, iré a cada tribunal que me cite porque estos tipos saben dónde están los 400 chicos nacidos en cautiverio y ellos siguen desaparecidos. Son los desparecidos de identidad", reclamó enérgicamente.

Enfatizó que "han pasado 28 años y estos tipos siguen negando haber estado allí (en los campos de concentración), liquidaron a compañeros que no tuvieron el derecho que tienen ellos a este juicio. Son privilegiados y se ríen de la justicia y de los jueces".

La profesional dijo que vio a Febres día por medio en la ESMA, lo describió como un tipo "desagradable, que tenía una obsesión por entrar a todas partes y husmear y controlar lo que hacía la gente. Era como una necesidad de tener reconocimiento y ser valorizado".

Por último, relató tres veces fue llevada por los represores, entre ellos Ricardo Cavallo, a visitar a su familia en la localidad de San Jorge, provincia de Santa Fe. Y que en una oportunidad el represor Juan Antonio Asic pidió a su padre que canjeara la libertad de su hija por una propiedad, maniobra común de los genocidas para quedarse con los bienes de sus víctimas.

Equipo de Querellantes y Abogados en la Causa ESMA, Primer Cuerpo y Campo de Mayo

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Dra. Mónica González Vivero 15-5408.3608


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