Plataforma Argentina contra la Impunidad
Justicia

"Los delitos de la CNU no son de lesa humanidad"

Viernes 28 de marzo de 2008.

El fiscal general ante el Tribunal Oral Federal, Juan Manuel Pettigiani, dictaminó que los crímenes cometidos por la Concentración Nacional Universitaria (CNU) no constituyen delitos de lesa humanidad.

En consecuencia, consideró que no corresponde abrir procesos penales contra los responsables de esos hechos. Pettigiani se expidió de tal manera en el marco de un incidente caratulado "Colegio de Abogados de Mar del Plata y otros sobre desaparición forzada de personas y Universidad Nacional de Mar del Plata, sobre actividades de inteligencia de la represión ilegal".

Dichos organismos requirieron que los crímenes cometidos por la CNU entre 1974 y 1976 fueran considerados de lesa humanidad.

En caso de haber prosperado tal requerimiento, los responsables podrían haber sido sometido a proceso ya que los delitos de lesa humanidad son imprescriptibles. Algunos de los hechos mencionados en el incidente son los asesinatos de René Arnaldo Isuz (19 de febrero de 1975); Enrique Elizagaray, Guillermo Videla, Jorge Enrique Videla y Jorge Lisandro Videla y Bernardo Alberto Goldenberg (21 de marzo de 1975); Daniel Gasparri y Jorge Stoppani (25 de abril de 1975) y María del Carmen Maggi (decana de la Facultad de Humanidades de la Universidad Católica) quien fue secuestrada el 9 de mayo de 1975 y cuyo cadáver apareció en Mar Chiquita el 23 de marzo de 1976.

En su extenso análisis, el fiscal Pettigiani aplicó el test propuesto por la Procuración, en el cual se establecen los siguientes parámetros para los delitos de lesa humanidad: a) Se debe tratar de actos atroces; b) Deben ser parte de un ataque generalizado o sistemático; c) Las víctimas deben ser parte de la población civil; d) El ataque debe ser el resultado de una política de un estado o de una organización para promover esa política.

En su conclusión, Pettigiani sostuvo que "los hechos que fueron materia de investigación no pueden ser subsumidos dentro del derecho penal internacional, al no constituir delitos contra la humanidad. La naturaleza aberrante de los hechos y su impunidad, no ignorados por este Ministerio Público, no bastan para superar por sí los diques estrictos y contienen y perfilan dicha materia, único presupuesto válido para habilitar la persecución penal por hechos que según el ordenamiento interno se encuentran prescriptos".

En consecuencia, el fiscal consideró que "no corresponde instar la acción penal por parte del Excmo. Tribunal, dado que los hechos atroces investigados no constituirían delitos contra la humanidad".-

Nueva audiencia del Juicio por la Verdad

La muerte del psicólogo Roberto Sanmartino

En una nueva audiencia del Juicio por la Verdad se escucharon testimonios sobre el secuestro y asesinato del psicólogo y docente Roberto Sanmartino, ocurrido en junio de 1975.

Roberto Héctor Sanmartino fue secuestrado y acribillado a balazos durante la noche del 4 de junio de 1975. Era psicólogo, músico y docente universitario. Sus allegados aseguran que no tenía militancia política, sino que era un librepensador de gran sensibilidad social. Su entorno familiar y laboral había sufrido los embates del terror y la violencia generados por la extrema derecha, representada por la Triple A junto a otros organismos colaboradores. Pese a ello, Sanmartino se negó a abandonar el país.

Su caso fue tratado ayer en una nueva audiencia del Juicio por la Verdad que sirvió para ratificar la nebulosa, la falta de testigos y de precisiones que aún reina sobre su muerte. El primer testimonio lo dio Alejandro Bolino quien conocía a Sanmartino de la Universidad. Recordó que le decían “El Gordo” y que siempre andaba con un poncho rojo y en moto.

Bolino aseguró que "lo que le ocurrió a Sanmartino le llegó confusamente y por comentarios". También dijo que tenía un conocido de la CNU que le comentó que "esas cosas ocurrían". El testigo se negó a revelar el nombre de esa persona al asegurar que "me ayudó mucho cuando fui cesanteado del Casino". Ante esa negativa, los jueces decidieron citarlo a una audiencia privada.

Bolino también admitió haberse enterado que "alguien de la CNU" había presenciado las sesiones de tortura que sufrió Sanmartino y que esta persona luego le pidió disculpas a la madre de la víctima, diciéndole que "había muerto como un hombre".

María Elena Sanmartino, hermana del psicólogo asesinado, se había ido del país poco antes del crimen de su hermano para radicarse en España por la creciente ola de terror y violencia.

La mujer -cuya información sobre el hecho proviene de las referencias que le dio su madre madre- narró que el 4 de junio por la noche Roberto dio clases en la universidad. Nunca se supo de testigos ni tampoco qué ocurrió entre las 22 de ese día y las 2 de la madrugada del siguiente, hora en que fue encontrado el cadáver acribillado en Colón y 212. Al parecer, alguien escuchó gritos en la zona.

Los asesinos robaron las llaves y con ellas entraron al departamento de Roberto y se llevaron objetos. Luego fueron a la casa de la madre, que estaba con una amiga de la familia, ambas durmiendo. Las mujeres fueron obligadas a quedarse en la cama y con las caras tapadas, mientras los desconocidos revisaban y robaban cosas.

María Elena Sanmartino dijo que Roberto no tenía militancia política, sino que era un librepensador de gran sensibilidad social.

"Era una persona muy conocida en la ciudad, músico, daba clases en la Universidad y además era psicólogo clínico", aseguró.

"Su asesinato produjo terror en la institución y debido a este hecho, se produjo un éxodo de psicólogos de la ciudad. Fue un golpe directo a la Universidad", dijo la testigo.

Tomás Grigera, titular de la cátedra en la que trabajaba Sanmartino, lo describió como un “militante de la vida”, alguien expansivo, itinerante y profundamente libre, de “temperamento provocador” en el sentido socrático del término. "Dadas sus características, nadie pudo convencerlo de que se fuera del país, aun cuando era consciente del clima de terror que se vivía", indicó Grigera.

La última testigo fue María Cristina Guzzo, quien fuera pareja de Roberto Sanmartino.

"Era un hombre de múltiples talentos y de personalidad muy seductora. La semana previa a su asesinato, hombres de camperas negras fueron a buscarlo a su departamento. Por eso, se fue a Buenos Aires y luego a San Pedro, localidad en la que ella vivía. Roberto estaba convencido de que buscaban a su hermana y a su cuñado. Volvió el lunes siguiente a dar clase a Mar del Plata y el miércoles fue secuestrado", declaró Guzzo. La causa judicial fue cerrada sin resultados el 14 de julio de 1975, cuarenta días después del crimen.-


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