Plataforma Argentina contra la Impunidad
Derechos Humanos

MASACRE DE MARGARITA BELEN

Relato de testimonios de la Masacre.
Lunes 31 de agosto de 2009.

Los cinco estaban muy serios, no hablaban, en un rincón junto a una tumba, solo observaban, como quienes tienen varias preguntas en su cabeza.

Algunos jóvenes y otros no tanto entre 25 y 35 años calculo yo, diría que casi no habían nacido en aquel entonces. Para qué estaban, creo que sí sabían, para cavar. Eran empleados del SAMEEP del Servicio de Agua de la Provincia del Chaco, los llamaron como se dice, de prepo, a hacer un trabajo en el Cementerio San Francisco Solano de Resistencia. Ese día, martes 11 de agosto de 2009, debían estar a las 8 de la mañana en ese lugar.

Sus rostros contraídos nos miraban sin saber quienes éramos y qué hacíamos allí. Seguramente no sabían que hace más de treinta años buscamos una fosa común donde escondieron los cuerpos de nuestros hermanos.

Tal vez nadie les contó, seguramente se enteraron por los medios cuando Resistencia se moviliza en los meses de diciembre, es muy probable que nadie les haya hablado en profundidad sobre las historias de lucha de estos compañeros, por qué peleaban, qué país querían, quienes y porqué los asesinaron.

Ante un nuevo testimonio, estábamos ahí firmes, esperando una vez más la posibilidad de cerrar parte de esta trágica y dolorosa historia.

Un ex Policía de la Provincia del Chaco, Fotógrafo de Criminalística, tal vez sintió que su Dios no le perdonaría llevarse a la tumba un secreto tan guardado por los señores del terror y de la muerte que pisotearon y aún pisotean este querido país, ese pacto de silencio y sangre llamado “desaparecidos” todavía sigue firme. Este señor Miguel Gerónimo Salinas, 71 años, Chaqueño de Makallé, quien vive en Resistencia; por órdenes militares fotografió los cuerpos mutilados, torturados, masacrados de aquellos jóvenes militantes fusilados cobardemente en las cercanías de Margarita Belén aquel 13 de diciembre de 1976.

Salinas es parte de esa historia.

Como a las 12 de la noche del día previo al fusilamiento suena el teléfono en la casa, lo llama su Jefe el Comisario Inspector Virasoro.

- Salinas, prepare todo el equipo, rollos, baterías, flash, que mañana temprano lo pasan a buscar gente del Ejército.

- Qué esta pasando Jefe?

- Salinas, no le puedo dar detalles, usted prepare el equipo.

- Claro señor.

Es increíble la eficiencia de los Servicios de Inteligencia del Ejército Argentino, la noche previa ya sabían que guerrilleros atacarían el traslado de presos políticos a Formosa.

A la mañana del lunes 13 lo buscan Suboficiales en un jeep del ejército. Se dirigieron para la ruta 11 camino a Formosa, a la altura del kilómetro 1043 pasando el ingreso a la localidad de Margarita Belén, Salinas se encontró con la escena macabra que debía registrar. Cuerpos distribuidos por la ruta y los alrededores, autos destruidos por las balas. Bajó del Jeep y empezó su tarea, fotografió uno por uno los jóvenes tirados en la ruta y en los caminos vecinales, fotografió la cabeza destrozada del Flaco Sala por la Itaka de ese “valiente” militar, el entonces Teniente Luis Patetta, quien pensó que de esa manera destrozaría su grandeza, a su lado estaba una mujer, tal vez Emma Cabral, o Delicia Gonzalez o Dorita Noriega, algún día lo sabremos.

Fotografió los cuerpos desparramados por el campo para justificar la farsa de la emboscada y del enfrentamiento, para el lado de Las Palmas, de la Estancia Varela, del Campo de Alcalá y otros. Registró los rostros torturados, sin vida, de Barquitos, del Pato Tierno, de Alcides Bosch, del Carau Duarte, del Colorado Fransen, de Manuel Parodi, de Marito Cuevas, del Lucho Diaz.

A la tarde lo llevaron al Cementerio a fotografiar la obra maestra de impunidad, dejar grabado para su perverso museo de sangre y terror el siniestro lugar donde escondieron nuestros hermanos desaparecidos, al Bocha Pereyra, a Fernando Piérola, al Beto Yedro, a Reinaldo Zapata Soñez, al Gringo Terenszcuk, a Raúl Caire, a Carlitos Zamudio, al Lalo Fernandez, al Mono Vargas y a los demás que pronto sabremos sus nombres. Fueron solo dos fotos dice él, una panorámica cuando tiraban los cuerpos en la fosa, no recordaba el número, pero eran muchos, más de los que vio en la ruta, la otra con los soldados tapándola, como queriendo tapar su historia, su fuerza, su lucha, como queriendo esconder lo imposible.

Si su guerra fue por la libertad por qué tanta mentira? Si se dijeron Cristianos, porque actuaron en la oscuridad de la noche? Si lo hicieron por Dios y la Patria, porqué escondieron los cuerpos? Si se sintieron tan poderosos, porqué fueron tan cobardes?

Esa mañana, antes que la primer palada empiece a cavar, Salinas estaba ahí, junto a Jueces, Fiscales y Abogados, a José Piñero, Mario Bosch, Roberto Mena y otros, todos mirando la tierra, mirando los pisos que posiblemente tapaban la infamia. Salinas tenía la mirada como perdida y fija en el lugar, seguramente queriendo volver atrás, treinta y pico de años cuando retuvo esa imagen que no lo deja pensar, que no lo deja dormir. Tal vez tomó la última foto de Fernando pero sin la alegría y la sonrisa que lo caracterizaba.

- Eran muy jóvenes.” Nos decía. “Tengo sus rostros grabados en mi memoria.”

Me acerqué a él para presentarme y le agradecí su gesto y su colaboración sin saber siquiera si era verdad o no lo que nos estaba diciendo. Aunque durante 33 años guardó esa información, no sentimos odio ni resentimientos, no nos mueve la venganza, nos mueve el amor por esos jóvenes, por lo que fueron, por su lucha, por sus ideales, por sus proyectos para este hermoso país nuestro de cada día.

Nos mueve un profundo deseo por la vida y no por la muerte.

Juan clavó la primer pala, no se qué sentía o que pensaba en ese momento pero si se lo que yo estaba sintiendo y seguramente mis hermanos, sobrinos y amigos que estaban ahí, Alvaro, María Luz, Cristela, Alvarito, Emiliano, Marcela, Dafne (1), Víctor, Julieta, Tapita, Mariela, el colorado Peyrano y otros. Una mezcla de sentimientos, de angustia, de esperanza y de recuerdos, de Amanda (2), que los buscó tantos años y se fue sin poder besar sus huesos, “aunque sea un huesito para llevarlo conmigo”, nos decía, la imaginaba arrodillada pegada a la tierra arcillosa y negra queriendo hablar con sus hijos, haciendo bromas y pidiéndoles que ya salgan de una vez, que no se escondan más, de don Héctor (3) que sufrió todo en silencio y con la sonrisa borrada desde aquel entonces, en María Julia (4), su compañera, que no estaba ahí en ese momento porque estaban operando del corazón a su actual compañero (5).

Ahí estábamos, firmes, con los ojos y el corazón clavados en la tierra que poco a poco se iba abriendo.

Como siempre, ante cada palada, el corazón se contrae, la respiración se hace más profunda, los puños como que se te cierran, la mirada se nubla, humedecida, las palabras no existen, no hacen falta, la esperanza florece y te contagia, cada tanto, unas lagrimas de dolor e impotencia te recorren el rostro..

Después siguió cavando Claudio, y después Carlos; cuando la primera tierra removida se termina, aparece esa tierra negra y arcillosa de esa zona del suelo chaqueño y es en ese instante que Micky (6) para la tarea y decide cambiar a otro lugar y hacer otra trinchera como dicen ellos y nuevamente vuelve la angustia.

La mirada se te fija en cada escombro, en cada piedra, en cada raíz que parece un hueso y te hace saltar y tragar saliva.

Un hueso, es simple así decirlo, pero no son solo huesos, cada uno de ellos allí abajo, escondidos como trofeos de guerra, son vida, son historia, son lucha, son banderas, son futuro que quisieron esconder. Ahí en esa fosa cavada por la soberbia de unos cobardes, esta un proyecto de país que debemos rescatar.

El lugar señalado por el fotógrafo está pegado a la administración del Cementerio. Hay un patio donde los empleados dejan sus motos y sus bicicletas, también en ese lugar, posteriormente construyeron oficinas, la Dirección, la Subdirección y el pañol de herramientas.

La elección del lugar señalado es difícil de entender, cuántas veces estuvimos parados ahí, lo que lo explica es la impunidad y la soberbia con la que actuaron. En esta oportunidad, tampoco los encontramos, en el lugar marcado hay un pozo ciego en desuso que habrá que abrir al igual que en las oficinas, cuando los trámites legales se completen y cuando el Equipo Argentino de Antropología Forense pueda agendar una nueva fecha ya que desgraciadamente en este país tiene la agenda completa.

Hay también otros lugares pendientes de abrir, en calles internas, debajo de panteones y otros lugares que surgen de datos que nos llegan anónimamente o por intermedio de ex empleados del Cementerio. Ciertos o no, vengan del lado que vengan, ya sean de buena fe o para desgastarnos y herirnos, no nos harán aflojar hasta que saquemos a la luz toda esa vida escondida, de hermanos y hermanas, de compañeros y compañeras que dieron su vida por este querido pueblo. Ya alguien sentirá después de largos años que no puede guardarse más ese secreto que lo perturba y se acercará a nosotros.

Lucharon con la verdad, de frente, por la libertad de nuestra querida argentina. Al hacerlos desaparecer creyeron que harían desaparecer sus ideales, se equivocaron. Nosotros los seguiremos buscando, por la verdad, por la historia, por su memoria, por ellos, por nosotros, por las futuras generaciones que deben saber y no pararemos hasta encontrarlos.

Ellos y ellas siempre estarán vivos. Ellos y ellas nos están esperando.

Otra voz canta Por detrás de mi voz escucha, escucha otra voz canta.

Viene de atrás, de lejos; viene de sepultadas bocas, y canta.

Dicen que no están muertos escúchalos, escucha mientras se alza la voz que los recuerda y canta.

Escucha, escucha, Otra voz canta.

Dicen que ahora viven En tu mirada Sosténlos con tus ojos, Con tus palabras; Sosténlos con tu vida Que no se pierdan, Que no se caigan.

Escucha escucha Otra voz canta

No son sólo memoria, Son vida abierta Continua y ancha; Son camino que empieza, y que nos llama.

Maia - Viglietti

NOTAS (1) Dafne Zamudio, hija de Carlitos Zamudio fusilado en Margarita Belén. (2) Amanda Mayor, madre de Fernando Piérola fusilado en Margarita Belén. (3) Héctor Piérola, padre de Fernando. (4) María Julia Morressi, esposa de Fernando. (5) Miguel Angel Molfino,hijo de aquella Madre de Plaza de Mayo que secuestraron en Perú cuando fue a hacer campaña en contra de Videla y apareció muerta en España. (6) Miguel Nieva, miembro del EAAF.

Por Gustavo Piérola es hermano de Fernando Piérola, fusilado en Margarita Belén.

Fuente: El ortiba


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