Plataforma Argentina contra la Impunidad
Justicia

VOLVER A MATAR

En el Juicio por la causa ESMA, Astiz muestra abiertamente su participación en el genocidio
Miércoles 23 de diciembre de 2009.

Al final del primer día del juicio de la causa Esma, uno de los acusados (no cualquiera) mostró con soberbia el libro que lo acompañaba: Volver a matar. No debería suponerse que Angel mostró un libro o sólo el título de un libro. Se trata de algo más complejo, más siniestro, más siniestramente diestro. En primer lugar, una confesión: un reconocimiento de que mató. El que porta esa frase declara que personalmente ha matado. Pero no se trata de la confesión de un arrepentido. Es alguien que, confesando su crimen, proclama que lo volvería a hacer. Y lo muestra a los familiares de las víctimas. Insisto, se trata de una confesión efectuada en un tribunal frente a los jueces, los cómplices, los allegados a las víctimas y el periodismo internacional. Es una confesión de parte que no evitará el relevo de pruebas. Se trata de un ángel que vuelve de la muerte de otros, pero también un ángel que va por más muerte.

En segundo término, Volver a matar es una consigna política. Un programa de acción. Un llamado a las armas. El libro mismo es empuñado como un arma y apunta directamente a quienes amenaza con la muerte. En tercer lugar, es la expresión literal de un deseo. El deseo de matar, claro, pero también el de una vuelta, un regreso. Un volver a esos días en que, como dueños de las vidas de sus prójimos, se elegía a quién matar, se elegía cómo matar, se elegía cuándo matar. Y hasta a quién no matar.

En cuarto lugar es una exhibición obscena, como consecuencia de años de impunidad. Ese acto es un producto autorizado por la impunidad otorgada desde la impotencia de los tres poderes que no juzgaron, que no ejecutaron y que mal legislaron. Obediencia Debida, Punto Final e indultos permitieron que algunos hayan llegado a ser ancianos libres, dementes libres o fallecidos libres.

La enormemente demorada nulidad de esas leyes empezó a caer sobre algunos sobrevivientes ejecutores de crímenes de lesa humanidad. Los más lúcidos nos sonríen y nos apuntan. Pero están ¿finalmente? esposados.

Por Eduardo Müller

Fuente Página 12


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