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MILES DE PERSONAS ALENTARON A LA PRESIDENTA CRISTINA FERNÁNDEZ Y AGRADECIERON AL EX PRESIDENTE NÉSTOR KIRCHNER

La multitud replicó dos palabras: “fuerza” y “gracias”
Sábado 30 de octubre de 2010.

En el último tramo del funeral, la presidenta mostró la misma entereza que durante la primera jornada de velorio.

Gracias, Néstor”, “Fuerza, Cristina”. A viva voz, entre llantos y aplausos, las frases se escucharon hasta el final. Fueron replicadas por miles que, agolpados frente a las puertas de la Casa Rosada, a lo largo de la Plaza de Mayo y en las calles laterales, debieron resignarse a seguir al cortejo fúnebre bajo la lluvia para cumplir con el anhelo de un último adiós. Las horas finales de la despedida a Néstor Kirchner en la Casa Rosada transcurrieron en el mismo clima de emoción que el incesante peregrinaje de los ciudadanos le había impregnado desde las 10 del jueves, cuando se abrió el acceso de la planta baja, hacia la Galería de los Patriotas Latinoamericanos. Allí, sobraron lágrimas por la pérdida pero también gritos de aliento a Cristina Fernández.

La presidenta pasó casi 15 horas, interrumpidas por unas pocas de descanso durante la noche, junto al féretro con los restos del ex mandatario, su compañero en los últimos 35 años. Como había sucedido en la primera jornada, Cristina mostró la misma entereza, se emocionó con las expresiones de apoyo y cariño y se acercó varias veces a la valla que separaba a los funcionarios del público para recibir los abrazos y el respaldo sin distancia. Tras pasar parte de la noche en la residencia de Olivos, Cristina regresó a la sede gubernamental a las 9. Reunida con sus hijos Máximo y Florencia en el despacho presidencial, la mandataria dio entonces la primera orden: extender hasta el mediodía el cierre del velorio, inicialmente previsto para las 10. La gran cantidad de gente que todavía esperaba para ingresar al histórico salón donde fue montada la capilla ardiente empujó la decisión.

A las 10, la presidenta volvió a colocarse frente al féretro. Rodeada por sus hijos, su madre, Ofelia Wilhelm, su hermana Giselle y su cuñada, la ministra de Desarrollo Social, Alicia Kirchner, Cristina volvió a recibir el acompañamiento del Gabinete nacional, gobernadores -Daniel Scioli abrazó emocionado a Máximo-, legisladores e intendentes. El ex jefe de gobierno español, Felipe González; el ex titular del BID, Enrique Iglesias, y el embajador argentino en España y antiguo amigo personal del matrimonio Kirchner, Oscar Bettini, también se sumaron al homenaje.

Si los jóvenes habían definido el color y la composición del homenaje en la Plaza y durante el interminable transcurrir del jueves, su presencia también volvió a quedar en primer plano en el tramo final del velatorio. Varias veces, Cristina se acercó para acariciar el rostro de alguno, recibir remeras y banderas que, por su expresa instrucción, fueron guardadas con esmero por algunos de los ministros y su hermana.

La emoción dejó de ser contenida cuando un payador entonó la Marcha Peronista. También cuando un productor agropecuario miró fijo a la presidenta. “Kirchner fue el presidente que más rentabilidad le dio al campo”, le dijo. Por primera vez Cristina se inclinó hacia el cajón, casi quebrada. Luego caminó para agradecer con el abrazo. Al mediodía comenzó la etapa final. Los que no habían podido ingresar aguardaron el cortejo, que comenzó lento, a paso de hombre. Hubo una nueva despedida íntima, familiar. “Que toquen la Marcha de San Lorenzo”, ordenó Cristina a la fanfarria militar antes de que el cortejo partiera hacia el Aeroparque.

Fuente: Tiempo Argentino


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