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LOS MATONES DE LA ULTRADERECHA (CNU) MAR DEL PLATA Y LA PLATA COMIENZAN A PAGAR POR SUS CRÍMENES

Domingo 21 de noviembre de 2010.

Todo comenzó con la expulsión de dos estudiantes, por haber tirado una pastilla de gamexane en una clase. Sus compañeros de la Universidad de Mar del Plata no se quedaron de brazos cruzados. Organizaron una asamblea en la que exigirían la reincorporación de los dos jóvenes. No les resultaría fácil. Era diciembre de 1971 y la ebullición política se vivía también en las universidades.

Una patota de la Concentración Nacional Universitaria (CNU) había amenazado con pudrir la reunión. Cumplieron: entraron al aula magna con cachiporras, cadenas y gases lacrimógenos. Dos de los militantes, además, estaban enfierrados. Y dispararon a quemarropa sobre un grupo de trescientos estudiantes desarmados.

Una de las balas impactó de lleno en la cabeza de la estudiante Silvia Filler. Tenía 18 años y murió a las pocas horas. La Justicia detuvo y procesó con prisión preventiva a cinco militantes de la agrupación. Pero fueron liberados el 25 de mayo de 1973: el día de su asunción, Héctor Cámpora había decidido amnistiar a todos los presos políticos. Para la Historia de la represión en la Argentina, que se escribe día a día, el crimen de Filler fue el bautismo de fuego de la CNU. Una organización de extrema derecha que nació al calor del primer peronismo y luego transmutó en patota parapolicial.

El Colegio de Abogados de Mar del Plata denunció en 2008 ante la Justicia que la CNU pasó en 1974 a ser “un brazo regional de la Triple A”. Y advirtieron que con la llegada de la dictadura “algunos de los miembros pasaron a formar parte directa del aparato represivo, llegando inclusive a actuar como agentes de diferentes ‘servicios’”. La CNU tuvo una fuerte presencia en las ciudades de La Plata y Mar del Plata. La Justicia de la ciudad balnearia hace tiempo que investiga los crímenes de la organización. Los resultados empiezan a verse.

Esta semana fueron detenidos Patricio Fernández Rivero, ex líder de la CNU, y Mario Durquet*, uno de sus principales miembros. Eran dos de los nueve imputados por delitos de lesa humanidad. Los otros siete siguen prófugos. A Fernández Rivero la Policía de Seguridad Aeroportuaria lo detuvo en la ciudad cordobesa de Alta Gracia. Había salido de su casa y estaba por subir a un remís. El Manco -tal su alias- tiene 64 años y en los ’70 ostentaba el mayor rango dentro del aparato de la CNU. Durquet, en tanto, se había acercado a la Justicia platense para presentar un habeas corpus. Pero el juez marplatense que tiene la causa, Rodolfo Pradas, pidió a su colega platense que ordenara su detención. Lo apresaron en su casa. Los dos están imputados de participar en Mar del Plata de los asesinatos de Enrique Elizagaray, Guillermo Enrique Videla, Jorge Enrique Videla, Jorge Lisandro Videla y Bernardo Goldenberg. Estos crímenes se produjeron el 21 de marzo de 1975 y fueron una represalia por el homicidio del abogado Ernesto Carlos Piantoni, otro de los jefes de la CNU. La Cámara Federal de Mar del Plata determinó que los homicidios de la CNU son de lesa humanidad. Y sostuvo en un fallo: “La información indica a la CNU como coautora de estos homicidios calificados, y su impunidad estaba asegurada por el control de la Justicia federal.”

Aún siguen prófugos el ex fiscal federal y candidato a intendente en 1983, Gustavo Demarchi, el librero Piero Assaro, Fernando Otero, Raúl Viglizzo y Raúl Molleón. Ernesto Ullua y Fernando Delgado** ya estaban en la clandestinidad desde hace algunos años. Es que están imputados de otros delitos de lesa humanidad. Fernández Rivero permanece detenido y alojado en una unidad penitenciaria de Córdoba y el juez Pradas analiza la posibilidad de trasladarlo a Mar del Plata. Durquet ya está en Mar del Plata y sería indagado en los próximos días.

El origen del CNU

La CNU surgió durante el gobierno de Juan Domingo Perón. “Su origen está relacionado con el nacionalismo católico, que en aquellos años adhiere directa o indirectamente al peronismo. Muchos de los viejos militantes de esa época ya manejaban algunos centros y se enfrentaban con la Fuba. Por ese motivo, Perón intentó cooptarlos con el fin de neutralizar a sus enemigos. De los fundadores, el más importante de todos fue el profesor Carlos Disandro ***. “Lo llamaban El Papa Blanco y trasladó las viejas consignas de la derecha católica a la lucha encarada por el peronismo y por Perón”, explica a Miradas al Sur el historiador Luis Fernando Beraza, autor de los libros Nacionalistas y Antiperonistas, este último de reciente publicación. Disandro era un promotor de la idea de la sinarquía. Dice Beraza: “En su libro La conspiración sinárquica y el Estado argentino repite la vieja teoría conspirativa de los ’30 de los grupos nacionalistas, que sostenía que la mafia judía se quiere apoderar del mundo utilizando como instrumentos a los anglo-norteamericanos. Como el peronismo era un obstáculo para esa política, había que extirparlo a través de una fuerte represión o infiltración”. Para Disandro y sus seguidores, los sectores de la izquierda peronista “eran zurdos infiltrados que formaban parte de ese plan diabólico. Demasiado burdo, pero en aquella época efectiva para lanzar la andanada contra los zurdos que afectaban nuestro ‘ser nacional’.”

En el apócrifo Los Protocolos de los Sabios de Sión, se usaba el término sinarquía para describir la “conspiración judía mundial”. “Posteriormente, esta idea formaría parte del discurso nazi-fascista. En el pensamiento de Disandro la sinarquía aparece como una suerte de “enemigo abstracto” que se materializaría en diversas organizaciones, que irían desde la masonería, pasando por el reformismo universitario, los posconciliares y las organizaciones no peronistas, cuyo fin es la destrucción de la nacionalidad”, escribió el investigador Juan Luis Besoky, en un artículo sobre la revista El Caudillo, órgano de prensa de la Triple A.

“La CNU -desarrolla Beraza- era el brazo universitario de la derecha católica. Con la aparición de Perón, la Alianza Libertadora Nacionalista entró en crisis y muchos de sus miembros universitarios pasaron al peronismo a través de esta agrupación. Lamentablemente para ellos, Perón desconocía el mundo universitario y tampoco le importaba estimular a este sector. Por lo tanto, la organización fue entrando en un plano inclinado que sólo servía para ocupar cargos o prebendas y muy poco para la política real. Obviamente, lo poco que quedaba fue barrido por la Revolución Libertadora en 1955. Carlos Disandro, quien era profesor titular en la Universidad Nacional de La Plata, fue cesanteado junto a 4.000 profesores que habían simpatizado con Perón.

A finales de los sesenta la CNU renació. De nuevo bajo el liderazgo de Disandro, mentor ideológico e intelectual principal. En esa época consiguen hacer pie en las universidades de La Plata y Mar del Plata. “Se transforman en una organización de cuadros, la mayoría armados, con contactos importantes con el sindicalismo: la UOM y la Juventud Sindical Peronista. Los metalúrgicos los usaban como grupos de choque para defenderse de sus enemigos. No se puede deducir que fueran la misma cosa, pero sí que estaban conectados a los grupos armados de la derecha peronista.”

* detenidos

** prófugos

*** ideólogo del CNU

Fuente: Miradas al Sur


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