Plataforma Argentina contra la Impunidad
Derechos Humanos

35 AÑOS. MADRES DE PLAZA DE MAYO

Escritos y poemas al "pasaje más heroico y extraodinario de la historia argentina"
Lunes 30 de abril de 2012.

Alicia plancha su pañuelo

Por Eduardo Pérsico

Tal vez fuera la Madre Superiora quien dijera ‘las alumnas reclaman por el gusto de hacerlo’, y en aquel atardecer de víspera increíble Daniela quince años.

Ayer nadie la vio, mejor es no hablar de cosas tristes, o ’por algo será’; pero ella no aparece y en herencia de sueño que mantienen las hembras, la cepa de la espera les crece cada hora. Y a viento atravesado o en el mar más profundo, ninguna madre olvida ni un minuto su cría. Así que pronto anduvo Alicia por la Plaza de Mayo junto a otras madres y de blanco pañuelo en la cabeza, apretadas del brazo afirmando el mandato de la sangre.

En ellas no valen cobardías ni palabras menores y recorren la plaza sin el mínimo rezo, contrariando amenazas milicas y el cobarde ’yo no me meto en nada’. O el ’¿qué quieren esas locas desvelando a la gente que desconoce culpas?’ – que aullaron los cómplices ‘diarios de la patria’ anunciando que nada sucediera. Pero, ¿hijos de quienes fueron los muchachos sin rastro tras letales pinchazos y tirados al río?

Daniela no aparece y ni recuerda Alicia cómo aprendió a llorar en tono bajo y no inquietar los ruidos de la calle. Alguien se ha detenido pero sigue en la noche, el resonar de un timbre solamente es deseo y los autos que pasan se llevan la noticia, en tanto para Alicia no es verdad ese sueño de monstruos asesinos y sellados cuarteles.

No regresa Daniela y Alicia carga entero su fusil de recuerdo. El proyectil del tiempo ha de orientar su búsqueda si nada más que el aire, con su manera antigua, puede contar la historia sin rendirse un instante. Y a pesar de todos los pesares Alicia imagina el rostro de quien robó a su hija; y lo trae de ida y vuelta con la furiosa pena de no olvidarlo nunca. Porque al fin, distraído en menesteres del cielo y esas cosas anduvo dios por esos días, sordo ajeno al minuto cuando Daniela quince años, de los pelos y en andas entre voces de mando y brutal reglamento, derrumbada en un piso de orín y violaciones. Y ha de seguir Alicia preguntando a quién le confió dios conducir la manada...

Pero cada pregunta clavándose las uñas ha sido derrotada de tanto preguntarse. ¿Quién dispuso que Daniela quince años no volviera a decirle que unos tipos de anteojos apagados por cumplir unas órdenes bestiales, la arrastraron y luego lo demás igual de miserable? Hoy Daniela no está y Alicia plancha su pañuelo. Ya vuelta de los años sin consuelo anda su pena visceral contra las voces muertas de los comunicados. ’Señoras, investigaremos hasta las últimas consecuencias’ y otras jaranas que tanto han divertido a tipos de uniforme y de sotana. Pero Alicia pervive, ya sabe quién amenazara ’las alumnas no deben reclamar ni sonreír a destiempo’, infamia que también le duele cada hora. Y el nombre de pretores de astrales intereses al ordenar ’ni una sonrisa adolescente puede quitar al rezo de su sitio’; y más tarde Daniela aullara en medio del tormento.

Ha de seguir el sol clareando grises y el perfil del jazmín bajo la lluvia; nadie esquiva el fusil de la memoria aunque cambie su aspecto cada día. Sólo algo no existe, es el olvido, y el aire seguirá con su relato si Alicia plancha el pañuelo que llevará a la Plaza. (1980)

Vals de una rosa

Por Vicente Zito Lema Escritor

Madres de Plaza de Mayo: 35 años

Qué ha sido mi vida en estos años? / ¿qué ha sido nuestra vida en el tiempo de la muerte? / cada uno tendrá que desnudarse y rendir cuentas / porque nada de buena eternidad puede levantarse / sobre tierra podrida y deberá ser puro de roca el espejo y fértil de sinceridad la lengua / y todos veremos nuestro rostro culpable pero no todas las / culpas son iguales / el que huyó por no soportar los vientos del terror / el que tapió su casa para no escuchar más sollozos / el que se creyó seguro porque a él no lo tocaban / y hasta ocupó la silla vacía del que se llevaron / él no tiene en su frente el estigma de la sangre / y aunque el silencio de los buenos haya dañado tanto / como la cuchilla del asesino / será el asesino quien habrá de pagar primero / y lo repito: no me pidan piedad ni que regale el perdón / ni que conduzca la paz hasta el umbral de mi enemigo / yo no soy la dueña de la vida de mis hijos / yo no soy la dueña de la aventura y el martirio de mis hijos / sólo ellos podrán tener piedad y perdonar / de ellos es la paz porque de ellos fue la fortaleza // ha sido por nuestra debilidad que esta tierra se pudrió / y estas aguas se alzaron y nuestras alegrías se corrompieron / ha sido por nuestra debilidad que tocamos fondo en el horror / y el horror bailó sobre los corazones / ha sido por debilidad que la memoria es hoy real peligro / pero a pesar del peligro ya no se desvanece ni declina / como declina mansamente la luz en esta plaza // aún no los he encontrado hijos / pero buscándolos vuestra madre se ha encontrado / mis hijos me han madurado / mis hijos me han enseñado / mis hijos me han hecho una mujer // no se dejen vencer el calor de mi cuerpo ya los envuelve / resistan la pesada eternidad del frío / rechacen esa quietud que los invita / hagan retroceder de sus bocas amadas el silencio / yo los espero / yo no los voy a dejar de esperar / porque están vivos en mi espera / porque para creerlos muertos tendrían que mostrarme / sus cadáveres / cadáveres que yo besaría y enterraría junto a una flor pero / no junto a sus sueños / y yo los llevaría enteros otra vez en mí / hasta que pague lo suyo el asesino / hasta que no vuelva a nacer otro asesino // ¡de esta devastación casi infinita / la nueva vida tiene que surgir! // no siempre serán estos días / una obligada tristeza / y perfumará / perfumarás vida como la sabia rosa / más allá de nuestra precariedad / y alumbrará / alumbrarás vida como rosa de armonía / en infinita provincia de luz / que protege / y calma / hasta que la tormenta cebada / cribada y negra / se pierda de prisa tras la primera luna / sin pena ni tampoco gloria // vida si que aún entre agonías / te prolongas / nos invades / ¡crece! / no te detengas vida / y todo corazón que envejece y todo corazón cargado de duelos y fatigas / se abrirá a ti / les guste o se resistan los perros / de su pena y los del odio / crece vida continúa rosa / crece árbol del rosal entero crece / aunque ya no sea mi mano / la que te arrime el agua // y podrán los cuerpos y sus nombres ser apenas / un destello o un humo / y podrán las ilusiones estrellarse contra el piso / y en la boca secarse las palabras / y convertirse en veneno la soledad / pero tú vida seguirás con loca dulzura / llamando a nuestra puerta / seguirás obstinada y obstinada en esta plaza / o en aquel jardín / quitando las piedras y malezas / para la nueva y siempre / la erguida / breve / humilde y alta / la tan fragante / tenue muy tenue / eterna rosa.

“Fue el pasaje más extraordinario y heroico de la historia argentina”

A 35 años de la primera autoconvocatoria de las Madres en la Plaza de Mayo, el biógrafo más riguroso de ese grupo de mujeres repasa la historia de uno de los movimientos de reivindicación social más importantes del mundo.

Por: Daniel Enzetti

Es tal vez el biógrafo más riguroso de un grupo de mujeres que el sábado 30 de abril de 1977 eligió un costado de la Pirámide de Mayo para hablar de sus hijos desaparecidos, y hoy es uno de los movimientos de reivindicación social más importantes del mundo. Actual director de la revista Acción, Gorini contó esa historia en dos libros, La rebelión de las Madres y La Otra Lucha, donde reflexiona que “el pasaje de la búsqueda individual del hijo propio hacia la lucha colectiva contra el aniquilamiento de la oposición política, es un recorrido que no tiene precedentes en la historia argentina”.

Gorini termina la charla con Tiempo Argentino hablando de lo que más le importa, ese pasaje de lo privado a lo público, en medio del terror, el miedo y la desesperación por el hijo que no está de repente: “La dictadura siempre había hablado de ‘la madre’ como una figura sagrada, inofensiva, casi inocente. Hasta que se encontró con estas otras madres, y tuvo que decirles ‘locas’.”

¿Qué representan hoy, después de 36 años del golpe de Estado, y 35 de su creación?

–Las Madres tienen un valor simbólico impresionante que comienza a construirse en la época de la resistencia al terrorismo de Estado, y que hoy mantiene una vigencia absoluta. En ese plano, de mujeres resistentes frente a una sociedad aterrorizada y contra sectores cómplices de la dictadura, ellas representan una dignidad y una capacidad de lucha que poca gente mostró. Y eso fue un capital simbólico que permanentemente estuvo en disputa dentro de la política argentina. Después de Malvinas, cuando alcanzan un gran y primer reconocimiento social, son la bandera de casi todos. Los partidos intentan apropiarse de esa bandera. Algunos con cierta legitimidad, y otros de un modo oportunista e hipócrita.

¿Está hablando de los primeros tiempos de Raúl Alfonsín?

–Sí, la primera etapa de la post dictadura, que algunos llamaron “transición a la democracia”. Nunca estuve de acuerdo con esa denominación, porque no estaba tan claro cuál era el verdadero nivel de ruptura con el pasado dictatorial. Dos años después de instaurado el gobierno alfonsinista, la Asociación de Abogados de Buenos Aires decía que el 98% de los magistrados eran los mismos que habían ocupado esos puestos antes. El mismo Poder Judicial que había rechazado los habeas corpus, y ocultaba cadáveres en las morgues judiciales.

¿Cómo cree que ellas fueron modificando sus reclamos desde el drama personal que las movió por primera vez a juntarse?

–Son un movimiento social en permanente transformación, y ahí muestran otra singularidad. En general, los movimientos sociales nacen en torno a un conjunto de reivindicaciones, y suelen agotarse en esa lucha, o al menos quedan marcados por el núcleo reivindicativo que les dio origen. En cambio, a las Madres, el tema de la búsqueda de los hijos y su aparición con vida las llevó por caminos que les permitieron ampliar cada vez más su visión de la política y del mundo. Es decir, el núcleo de sus intereses se hizo cada vez más amplio, hasta opinar y actuar en todos los planos de la política. El drama personal las movió al comienzo, en una reacción donde se mezclaron el amor, el instinto, la desesperación, el miedo. Pero después fueron más allá.

Recibían críticas cada vez que intentaban sacar esos pies del plato...

–Es verdad, pero esas críticas no aparecen recién en democracia, sino antes, ya a mediados de los ’80. En ese momento tenían una idea clara sobre el destino individual de sus hijos, y por eso empiezan a vincular la reivindicación de aparición con vida con otros valores, con otras banderas, como el Estado de Derecho y la democracia. Y dicen que la solución de sus problemas y la satisfacción de sus demandas sólo se iban a dar en un marco democrático. Siempre se las quiso disciplinar, mucho antes de que construyeran viviendas o inauguraran universidades, como pasa en la actualidad.

¿Cuándo dejan de ser ese grupo de mujeres desesperadas para ser las Madres?

–En plena gestación, cuando participaban de las primeras marchas en 1977, firmaban como “Las madres de desaparecidos que todos los jueves a las 15:30 se reúnen en la Plaza de Mayo”. Y muy poco tiempo después pasan a tener el nombre actual. Parece un detalle sin importancia, pero esto revela también un proceso de formación espontánea que poco a poco se va haciendo autoconsciente, y genera y adopta un nombre. Que no es sólo “un nombre”, sino todo un mensaje.

Podría leerse también como una advertencia al poder: aparecimos por un hijo que no está, pero ahora queremos más... –Recuerdo una polémica mantenida con el escritor Luis Gregorich, cuando les decía que con la democracia, ellas tenían que ser distintas, y que las instituciones democráticas iban a tomar el reclamo por ellas. Las Madres le contestan que no, que ellas iban a seguir en la Plaza. Estaban en alerta, porque habían reflexionado acerca de lo que venía.

¿Qué parte de la historia de las Madres no se conoce, o se conoce poco?

El surgimiento de las Madres fue el pasaje político más extraordinario de la historia argentina. En aquella reflexión que decía “De la casa a la Plaza” se sintetiza ese paso que dan del ámbito privado, familiar y doméstico, al escenario político por excelencia, al escenario de la lucha pública. Porque ese pasaje les implicó una transformación individual y colectiva durísima, profundamente dolorosa. Algunos insisten en que la fuerza de la maternidad ha sido determinante en la pujanza de estas mujeres, en su actitud inclaudicable. Sin embargo, quien indaga en esto verá que esa maternidad, en muchos casos, había sido una barrera para la lucha, a raíz de que eran mujeres encorsetadas en el pensamiento dominante, amas no más allá de la puerta de su casa. La dictadura siempre había hablado de “la madre” como una figura sagrada, inofensiva, casi inocente. Hasta que se encontró con estas otras madres, y tuvo que decirles “locas”.

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