Plataforma Argentina contra la Impunidad

RELATO DE LA VISITA A MILAGRO SALA Y DEMAS PRESAS POLÍTICAS TUPAQUERAS

Representantes de: SEUBE - COMITÉ POR LA LIBERTAD DE MILAGRO SALA – OBUVI – CÁTEDRA LIBRE DE DERECHOS HUMANOS
Miércoles 18 de abril de 2018.

La visita estaba programada para el sábado 16 de diciembre; debimos suspenderla porque el día anterior el Poder Judicial de Jujuy decidió llevar nuevamente a Milagro Sala a una casa en la localidad de El Carmen para que continúe allí la prisión.

Es importante subrayar que el cambio de lugar físico (del penal de Alto Comedero a El Carmen) no implica que cambie su condición de presa. No puede considerarse “prisión domiciliaria” dado que: 1. No es su domicilio; 2. Está sometida a la custodia de un destacamento de Gendarmería instalado fuera de la casa, con un despliegue de carpas y un gran acoplado cerrado. 3. Excepto para sus familiares directos, para quienes el régimen es más flexible, las visitas están restringidas a tres días por semana - martes, jueves y sábados- y no pueden ingresar más de 4 visitantes por vez. Esta visita fue tramitada desde Buenos Aires con el grupo que en Jujuy se encarga de coordinarlas, asignar los horarios e informar sobre qué se les puede llevar quienes están presos.

9 de marzo de 2018

Llegamos a San Salvador de Jujuy. La compañera Rosario Dassen nos alojó en su casa, y con ella conversamos largamente sobre la situación local, la continuada ofensiva del gobierno de Cambiemos contra la Tupac y otras organizaciones populares, cómo se apropió, por ejemplo, del Instituto Terciario de la Tupac Amaru (aún no borraron el nombre pintado en el frente), en el que suprimieron algunas carreras e instalaron otras. También nos contó que el día anterior había sido grande la cantidad de personas movilizadas por el 8M, aunque no se logró que fuera unitaria; hubo varias, pero con mucha participación. Rosario visita los sábados o domingos a las compañeras Gladys Díaz, Mirta Aizama, Graciela López y Mirta Guerrero “Shakira”. El hostigamiento por parte de los y las penitenciarias es sistemático, y parte de esto es la desatención que sufre Shakira, quien desde que fue encarcelada fue operada dos veces de una hernia en el abdomen (al día de hoy ya fue intervenida una vez más), tanto las operaciones como los posoperatorios no cubrieron los cuidados indispensables para que se recupere adecuadamente. Por eso se repiten. Hubo que recurrir a la Fiscalía para que no la devolvieran al penal a las 48 horas de las cirugías. Tras algunas dificultades, confirmamos que nuestro turno para visitar a Milagro el sábado era de 18 a 20 horas. Rosario nos asesoró sobre cómo llegar hasta la casa-cárcel en el departamento El Carmen, empotrado en el corazón tabacalero de Jujuy. No está muy distante de la Capital provincial, sin embargo, a quienes cuentan con pocos recursos económicos -algo usual en Jujuy por estos días, al menos para quienes han sido parte de la Tupac Amaru y tuvieron que salir a buscar pequeñas “changas” para ganarse la vida-, se les vuelve muy costoso. Hay que tomar un colectivo hasta El Carmen, en la antigua terminal de ómnibus de San Salvador, y allí un taxi o un remise hasta las cercanías de la casa fortificada con custodia de la Gendarmería.

Sábado 10 de marzo

Cuando llegamos a la terminal de El Carmen, un taxista nos hizo señas para que abordáramos su auto. Le indicamos que íbamos a ver a Milagro Sala. Ya en camino quiso saber de dónde veníamos. Le preguntamos si iban muchos a ver a Milagro; dijo que sí, especialmente los fines de semana, llegaban de diversos lugares del país, e incluso grupos de españoles. Nos habló de su hijo: gracias a su trabajo, logró que se recibiera de contador en la Universidad de Salta, y a los 28 años ya era subsecretario en la Municipalidad de Monterrico; previamente había tenido un contrato en el gobierno de la provincia de Jujuy. Le preguntamos de qué partido político era el intendente de Monterrico. “Son del cambio, son todos los que vinieron con el cambio”, respondió. En un pequeño trayecto el taxista pone de relieve su esfuerzo personal, el ascenso social de su hijo respecto de su propia trayectoria, y una naturalización de “el cambio”: no denomina a Cambiemos como coalición política. Esto lleva a pensar cómo construyen hegemonía estas propuestas, naturalizando como sacrificio individual los derechos. Construcción de hegemonía imprescindible para que ocurra aquello que se verifica al final del recorrido en el taxi: Milagro encarcelada en ese lugar, mientras otras cuatro mujeres está recluidas en el penal de Alto Comedero. Una vez que se abandona la ruta hay un breve trayecto empinado. A las 17 horas el auto nos deja ante un portón, a partir del cual debemos seguir a pie hasta donde está emplazada la casa-cárcel. Es altamente visible la presencia de Gendarmería, no solo por los uniformes, sino por todo el dispositivo montado en torno de la casa: dos carpas, un gazebo, la gran caja de camión. Bajo el gazebo los gendarmes toman mate. Uno nos lleva hasta la carpa en la que debemos entregarle el documento, celulares, grabadores. Ahí verifica si figuramos en la lista de visitantes. A unos metros del gazebo, tres compañeras y un compañero –llegados desde Salta- esperan ingresar. Su turno era de 16 a 18, pero dado que la visita anterior no salía debían seguir aguardando. Nos cuentan la serie de avatares que antecedieron a esta visita, pues estaba previsto que el 8 de marzo pudieran compartir un asado con Milagro, pero al último momento les cambiaron la fecha.

Como la espera se prolongaba, le pidieron a una gendarme que le hiciera saber a Milagro que estaban allí. La respuesta fue tajante: “Ella lo sabe, nosotros no podemos hacer nada. Ella maneja sus visitas”, y no inocentemente agregó: “A veces hay gente que ella no quiere ver y nosotros no la obligamos, las visitas son de ella. Nos dan una lista y solo nos fijamos que estén ahí”. No ahorran pequeños hostigamientos: nos ordenan esperar del otro lado del portón, aunque luego concluyen que solo hay que sacar el auto de los visitantes de Salta. “Disposiciones” puramente disciplinarias sin ningún criterio de validez y que varían según el humor de la guardia. Entre los gendarmes, opina una compañera, se puede hacer una distinción entre quienes son jujeños y quienes vienen de otros lugares: los jujeños son notablemente peores en el trato que los otros. Llegan cuatro mujeres; cuentan que hace dos semanas que intentan visitar a Milagro y entregarle un regalo traído desde Bolivia y no logran: no figuran en la lista. Una de ellas, “Porota”, es la mamá del cantante Bruno Arias. Porota y una joven militante cuentan que al día siguiente se realizaría en San Pedro un festival en solidaridad con los trabajadores despedidos del Ingenio La Esperanza, para difundir el conflicto y recibir útiles escolares para de sus hijos.

Ya pasadas las 18, salen dos visitantes, y recién entonces la Gendarmería inicia la revisión de los paquetes que llevaba el grupo de Salta y luego los cachean. Así siguen acortando el tiempo disponible para el encuentro. Sumado a que, como solo salían dos, solo podían entrar dos. Finalmente ingresan los cuatro, que se quedaron hasta las 19. La mecánica se repitió. Recién entonces revisan los regalos que llevábamos y nos cachean, por separado, en una carpa cerrada. Con nosotras ingresa Laurita, una compañera de la Tupac que, nos dice, cada jueves marcha por la libertad de Milagro en la plaza central de Jujuy. También entra María Molina, que había salido una hora antes.

Milagro se acerca a recibirnos. Nos abraza a cada una muy efusivamente. Llegamos a una galería donde sobre una mesita estaban las tortas regaladas por el grupo de Salta y también nos esperaba Raúl Noro. Le preguntamos a Milagro cómo estaba, y ella, acompañando sus palabras con el puño apretado, nos dice con entusiasmo que el pueblo se está despertando, que tiene que organizarse más porque ya no se aguanta. Subraya la movilización del 21 de febrero y la marcha de las mujeres. Cada palabra la enfatiza con un movimiento de su cuerpo de “vamos”, “fuerza”. Noro se explaya sobre la importancia de cada marcha y se detiene en la espontaneidad del canto de las hinchadas: “Mauricio Macri la puta que te parió”. Ambos expresan suma expectativa en la movilización. Milagro se para, se sienta, ceba mate, da instrucciones de carácter doméstico a María y Laurita. Entra a la casa y sale con un fuentón con ropa lavada para tender. Vuelve a sentarse. Nos cuenta que la visita de las dos compañeras que habían estado antes la había emocionado mucho. “Decían que cuando estaba la Tupac se habían podido comprar la heladera, hasta la licuadora, como si la licuadora fuese algo tan raro, y ahora nada. Pero vinieron a contarme algo lindo, que gracias a la Tupac, que le había dado la beca de estudios al hijo, se había recibido de técnico”. Por eso pudieron visitarla, ya que los hijos ayudan económicamente. “Yo les dije que sigan, que sigan trabajando por abajo, ellas me dicen que me están esperando, los compañeros también” relata. Y agrega que había presidentes de las cooperativas que se habían vendido, pero “Los de las bases siguen y están esperando”.

“Yo soy basista, y la izquierda me criticaba por eso, por ser basista”, cuenta. “Los del PCR me decían que había que preservar a la dirigencia, y que se movilizaran las bases. Yo les decía que no era así, que yo no iba a abandonar a la gente de las bases y yo guardarme. Yo salía también”. Como lo hizo varias veces, insistió: “La gente está esperando”. Noro agregó que si no salían era por miedo, y también por cuidar el trabajo Retomando lo del agradecimiento que le expresaron las compañeras, lo de la reciprocidad, sale el tema de los pueblos originarios. Milagro dice: “Macri, Morales y Peña viene acá a tomar nuestra espiritualidad, nos roban la espiritualidad y después pasan cosas malas, inundaciones, aludes. Pero no es así, nosotros tenemos ancestralidad”.

Noro cuenta que un antropólogo le había dicho algo interesante: que en Jujuy los cholos estaban molestos por el ascenso rápido de los tupaqueros. Porque los cholos decían que ellos se habían esforzado mucho porque querían ser blancos, que habían invertido mucho para serlo. Y que Milagro venía a recordarles qué eran, entonces tenían miedo que de ese modo los sacaran de los lugares a los que habían accedido en la sociedad: contadores, abogados...”. “Yo me rompí el alma toda la vida para ser blanco y ahora estos de la Tupac les dan de todo a los que no se esforzaron”, sería la síntesis.

Virginia cuenta que eso se escucha en la calle: que la Tupac “regalaba” sin que hubiera habido esfuerzo de quienes recibían. “Por eso es importante mostrar cómo pusieron el cuerpo, como trabajaron por esto”, insistió. Cuando hablamos sobre el seminario organizado en Filosofía en 2017, Noro recordó a Américo, que formó parte de la delegación que le entregó el reconocimiento “Francisco Urondo”. Uno de los regalos que llevamos era un libro sobre la familia Urondo; nos contaron entonces que en el último allanamiento de su domicilio (el real, no esta casa-cárcel) robaron todas las distinciones que habían ido enmarcando. Milagro pidió que le enviaran una réplica. Expresa que valora mucho estos reconocimientos y premios, y que próximamente Brasil le entregará la Medalla Chico Méndez.

Volvemos sobre su situación: “Yo voy a salir si se movilizan porque es político el tema”. Se refiere al momento en que se dio cuenta de que era una presa política. “En Alto Comedero, mi relación con las guardias cambió cuando me paré como presa política, porque por más que me portaba bien igual me jodían. Me provocaban para que yo les pegara. Me dieron una sanción de diez días, empecé una huelga de hambre y la directora del penal me negaba la entrevista, me levantaron la sanción, logré negociar. Los abogados de las otras presas, les dicen que tengan bajo perfil, que no se comporten como tupaqueras, que cuando la manden como castigo, por ejemplo a regar, sean las mejores regadoras”.

En la despedida es muy afectuosa. Con abrazos que transmiten muchos sentimientos, transitan desde el cariño y el agradecimiento por la presencia, y –pensamos- hasta la exigencia de no abandonar la lucha. Como si buscara en ese contacto darnos y recibir fuerza para resistir, avanzar, crecer.

El compañero a quien habíamos contactado para que nos fuera a buscar a las 20 horas (le dicen “Diablo”, “Diablito”), un joven de la organización que sufrió persecución y estuvo preso en 2016 que hace servicios de remis, no llegó, así que regresamos en auto con María Molina, Caro y Laura. En la espera, Laurita nos cuenta aspectos de su vida, los problemas de salud de su hijo. Hace explícito su dolor porque desde el momento en que asumió Gerardo Morales, que empezó la persecución, nadie los ayuda, que incluso tuvieron que entregar las ambulancias de la organización a una clínica porque tenían una deuda con esa institución. ¿Qué es la Tupac para vos?, le preguntamos. “Lo milenario. El Che, lo revolucionario. Y Evita, la ayuda al pueblo, nosotros ayudábamos a todos”, responde.

En el trayecto, las compañeras hablan del barrio de la Tupac en Alto Comedero. “Ahora es un barrio más”, dicen, cuando preguntamos si podríamos entrar. “Ahora es peligroso, se drogan, entran de otros barrios a drogarse, los chiquitos, los que eran los tupaqueritos y ahora son adolescentes, están ahí tirados. Antes era distinto, cuando Milagro decía que iba a visitar el barrio, se sentía el ruido de las podadoras, todo tenía que estar prolijo, los pibes peinados y bañados, hasta los perros almidonados y por ahí ni iba”.

Maria Molina cuenta situaciones que vivió cuando estuvo encarcelada siete meses en la Comisaría de la Mujer. Que fue terrible por la cantidad de prohibiciones, la mezcla de situaciones con otras mujeres apresadas.

11 de marzo de 2018

Al penal de Alto Comedero fuimos en colectivo. Iban subiendo otras personas que, intuimos, también iban a la cárcel. Paquetes, bolsas con pan, aspecto humilde y una actitud a la que luego le puso nombre una de las chicas detenidas: “Cuando una está presa, toda la familia está presa”. Recorrimos las varias estaciones pautadas para el ingreso. Primer control: nos informan que estábamos anotadas para visitar a Mirta Aizama. Segundo control: nuevamente tenemos la visión de quiénes están en la cárcel a partir de quiénes las y los visitan (también hay un sector de presos varones). Un señor extremadamente flaco que va a ver a “Matías” lleva apenas unos panes y una gaseosa Manaos. “Siento que el hombre no va a vivir mucho tiempo, se me acelera el pensamiento y vuelvo a las condiciones de vida de los sectores populares y las expectativas de vida”, anota Virginia. El tercer control es en un edificio cercano; allí revisan cosa por cosa lo que se lleva en bolsas y paquetes. Hay que entregar carteras, celulares, grabadores, y dos manzanas. Llevábamos 5, pero no pueden entrar más de tres. La pedagogía disciplinaria está hasta en los mínimos detalles. Los garotos los revisaron uno por uno.

Luego viene la requisa del cuerpo en un pequeño box con una cortina. La guardiacárcel se calza guantes de goma como anticipo de lo que vendrá. Graciela le aclara que somos visitas especiales y que en las otras ocasiones solo hubo un cacheo sobre la ropa. Después de consultas varias entre la guardia y una superior, sentenciaron: ya no hay visitas especiales, todas son iguales, “Desde que no está Milagro no hay visita especial”. Hubo que levantarse la camisa y la ropa interior, bajarse el pantalón y la ropa interior. Aunque solo de frente, ya que lo habitual incluye la exploración “de espaldas”.

Después de atravesar varias rejas, nos recibió Mirta Aizama con quien nos sentamos en una de las mesas que hay junto al edificio de celdas. También se sumó Gladys Díaz. Ambas esperan a sus familias, las mesas tienen mantel y bebidas frescas. Mirta es tranquila, serena, Gladys habla con mucha vehemencia. Nos preguntan sobre la marcha del Día de la Mujer. Sobre la causa nos dicen que supuestamente el juicio oral empezaría en abril, pero que se iba a demorar. Están en la cárcel desde mediados de 2016, y no logran que se les otorgue la prisión domiciliaria. Con vasos con soda brindamos por la libertad, pero antes de tomar, ellas vuelcan un poco sobre la tierra. “Es para la Pachamama”. Las imitamos.

Mirta comienza a contarnos sus momentos iniciales en la organización, Gladys también. Entre las dos establecen una camaradería en el recuerdo y en recordar. Entonces sus rostros se iluminan y ríen al contar situaciones que vivieron juntas y junto a la Tupac. Mirta alquilaba en Palpalá y luego pasó a alquilar al 18 de Noviembre; iba con su hijo –nacido en 2000- a todas las marchas, imita con el cuerpo como lo cargaba, y su marido no estaba conforme, pensaba que podía ser peligroso. Trabajó en la construcción de las viviendas y fue la primera que entró a una de ellas. Gladys estuvo inicialmente en ATE. Cuando supo que querían cerrar el Hogar Escuela donde estaban sus sobrinas mellizas, fue a hablar con Milagro y se movilizaron para impedirlo. Milagro le propuso que se sumara a las copas de leche y lo hizo. Pero luego entró en los planes que se dividían para que pudiera cobrar más de uno. Luego ingresó como reemplazo en salud, “Hacíamos de todo en el centro de salud, limpiábamos, hacíamos las visitas..., como agentes sanitarios. En ese período Milagro fue a Buenos Aires a ver a Alicia Kirchner para pedirle planes, pero ahí conoce a Néstor, quien le dice ‘no te vamos a dar planes te vamos a dar proyectos de construcción. ¿Vos sabes construir?’. La Flaca le dice que sí...”. Las dos reían recordando eso.

Como para recibir fondos para construir había que presentar proyectos, tuvieron que aprender sobre la marcha. No solo no sabían construir, tampoco hacer proyectos. Aprendieron a hacer las dos cosas y muchas más. Aprobados los proyectos, el gobernador de Jujuy le entregó a la organización terrenos de mala calidad, bajos, cubiertos de yuyos, apostando a que no cumplirían las metas. Lo hicieron, e hicieron más. Relatan con sencillez y orgullo el sacrificio que exigió construir las primeras 148 viviendas. Todo fue aprendizaje. Nos muestran las manos: “Me sangraban por el fino”, dice Mirta. Cuando llegó la fecha en que Kirchner iba a ir a inaugurarlas, faltaban muchos detalles. Trabajaron hasta la madrugada y corrieron a bañarse, cambiarse. “Había que estar impecable” insistía Milagro. Mirta llegó al acto a tiempo: fue la primera a quien el propio presidente Kirchner le entregó su casa.

Les preguntamos cómo se asignaban las viviendas: inicialmente se había establecido que los primeros serían los presidentes de cooperativa, los delegados, cuentan, pero luego en la organización se plantearon: “¿Cuál es el que más necesidad tiene, que alquila, que tiene muchos hijos?. Y así fuimos decidiendo”. Siguen: “Ahí es como que valoramos, nos sacrificamos con nuestras casas”. “Por eso –afirma una de ellas- me da bronca cuando me dicen ‘les dan las casas’, pero nos ganamos nuestras casas con todo el sacrificio, con todo lo que trabajamos. Y eso es lo que no vieron los que entraron después, ellos iban, y le pedían a la Milagro casa y ella se las daba, es como que ya no valoraron”.

Cuando llegan los familiares de Mirta pasamos a la mesa de Gladys. Ella nos cuenta: “Tengo 11 hermanos y no vienen a verme. Una hermana vino una sola vez, pero ella perdió a su hijo que era uno de los gendarmes que venían a Jujuy y pensará que éramos responsables. Fue horrible. Me llaman diciéndome que algo había pasado con el Emiliano, que había habido un accidente. Yo me voy al acampe y le digo a la Flaca que me iba, que hubo un accidente, ella se preocupó y me dijo que me saque la remera de la Tupac porque ya estaba todo distinto, estaba Morales. Cuando yo voy nos encontramos con eso”. Su hija Belén, que ya estaba en el lugar del accidente nos dice que el gobernador Urtubey ni se acercó a las familias de las víctimas. Lo único que hacía era hablar por el celular.

Sobre la causa judicial lo que más le duele es que quedó imputada su familia: su hija, su hijo, su ex marido: tenía un plazo fijo, fruto del retiro voluntario que le pagó la empresa donde trabajaba, pero le imputan “lavado de activos”. A su hija le confiscaron el auto y le embargaron la casa. “Por eso digo, es un castigo a nosotras”, redondea. Menciona que hay quienes la delataron a ella, a Milagro, a otros compañeros, y recibieron a cambio favores del gobierno. “A nosotras nos piden que traicionemos a Milagro para que salgamos. Graciela (López) esta acá por ser leal, porque las otras organizaciones se fueron todas. Y ella no traicionó a Milagro”. Sigue Gladys: “Y eso me duele, yo trabajaba día y noche, sin parar. Si estaba en un cumpleaños familiar y me llamaban porque había muerto alguien y había que organizar el velatorio o algún enfermo, ya me iba a hacerlo y dejaba todo”. Habla con mucho dolor, llora, cuenta que encontró ayuda en un libro de Silo que le regalaron. “Los chicos que nos vienen a ver dicen que no pueden creer lo que envejecimos. Es que envejecimos en este tiempo, porque allá estábamos todo el día de acá para allá con jóvenes, y por ahí al estar con ellos parecíamos más jóvenes. Ahora somos viejas, o por ahí ahora tenemos la edad que tenemos y antes nos sentíamos jóvenes”.

Gladys sintetiza el porqué de tanto ensañamiento del gobierno y de un sector de la población de Jujuy: “Es que a nosotros no nos van a perdonar, no nos van a perdonar que comiéramos en los mismos lugares que ellos, que lo podíamos hacer porque teníamos la plata, pero nunca les gustó. En Jujuy es como que hay cuatro grupos, razas: los blancos, los mestizos, los indios y los tupaqueros. Fuimos la cuarta raza”.

Con una gestión hecha por Mirta, las guardiacárceles nos autorizan a pasar al otro sector para saludar a Shakira y a Mirta. Shakira nos habla del mal estado de su salud, nos muestra la tremenda cicatriz que tiene en el vientre. Con la tercera operación en vista por los problemas que permanecen, su esperanza era poder hacer el posoperatorio en detención domiciliaria. También ella está desde los orígenes de la organización, “conozco hace 22 años a Milagro”. Por sus malestares, se “autoencierra en la pieza”, que comparte con otras tres mujeres.

Graciela lamentó que hubiera habido varias marchas en Jujuy, en vez de una sola, y que no se hubiera levantado la causa de ellas. Sobre las causas judiciales dice: “Las llevan a largo pero nos van a condenar ... Morales no va a permitir que habiéndonos tenido tanto tiempo así para que nos absuelvan después”.

El 8 de marzo decidieron participar con una de sus reivindicaciones: avanzaron hacia el frente del penal con carteles en los que pedían la visita privada. Alto Comedero es la única cárcel que no la tiene, las autoridades alegan que es por falta de lugar. Shakira se siente mal, y a Graciela la llaman por teléfono. Nos despedimos de ellas, y luego de Mirta y Gladys. Volvemos a abrazarnos y a darles, darnos, ánimo.

Al anochecer pasamos por la plaza Belgrano, el escenario del acampe agonístico que selló el fin de un ciclo de vida de la Tupac Amaru. La noche está tranquila, hay parejas bailando tango en una glorieta; en la Secretaría de Turismo nos invitan a quedarnos más tiempo en Jujuy; frente a la casa de gobierno inauguraron un hermoso centro cultural; en la Catedral y en la iglesia San Francisco, arrodillados, rezan y cantan. El shoping de Anuar Jorge, dueño de El Pregón, está gentrificando Jujuy con la llegada de grandes marcas como Akiabara y Prüne.

Este Jujuy “blanco” se empecina en borrar las huellas de la Tupac Amaru. Las compañeras, los compañeros, están ahí esperando justicia.

VIRGINIA MANZANO, GRACIELA DALEO

Marzo 2018


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